RESEÑA Gideon Falls, de Jeff Lemire y Andrea Sorrentino

«Y entonces la puerta se abrió, y él estaba allí. Una figura oscura… Era oscuro, pero no como una silueta… más oscuro. Como la ausencia de luz. La única cosa que pude distinguir fue una sonrisa. Una terrible sonrisa.»

Gideon Falls es una serie de 27 números (Gideon Falls #1-27) publicada entre marzo de 2018 y diciembre de 2020 por Image Comics. Sus creadores son Jeff Lemire (guionista) y Andrea Sorrentino (dibujante).

Cierta leyenda rural relaciona los avistamientos de un granero negro que aparece y desaparece de la nada con la desgracia. Siempre que se ha mostrado este siniestro granero a lo largo de la historia, crímenes, asesinatos, catástrofes, desapariciones, locura y muerte se dan allí donde es visto. Fantasía o realidad, este misterioso edificio cobrará una importancia capital para dos personas.

La primera es Norton Sinclair, un joven desquiciado, en continuo tratamiento psiquiátrico y obsesionado con la basura de la ciudad, entre la que rebusca desesperadamente tratando de encontrar bisagras, astillas, clavos o trozos de madera… está convencido de que son los fragmentos de un granero que está íntimamente relacionado con el mal y el propio diablo.

La segunda es el padre Wilfred, un sacerdote católico con un turbio pasado, relacionado con el alcohol y ciertos pecados, que es destinado por el obispo para ser el nuevo párroco del pueblo de Gideon Falls tras la repentina muerte del anterior. Pronto, se dará cuenta de que el pueblo oculta oscuros secretos, y todo se complicará para él cuando se le aparezca de noche el antiguo sacerdote del pueblo y le conduzca hasta un granero negro y un cadáver.

Pero las cosas no han hecho más que empezar, y una oscura sombra que viste una espeluznante sonrisa les observa desde el granero…

Jeff Lemire es sin duda uno de los autores más presentes en la actualidad del cómic, con la gran capacidad de compaginar proyectos para múltiples editoriales al mismo tiempo (Marvel, DC, Dark Horse, Image Comics, Top Shelf…), en los últimos años ha invadido las estanterías de las tiendas de cómics con decenas de series de su creación. Pero sorprendentemente, no sólo produce mucho, sino que también produce con mucha calidad, que aunque no sea constante en todas sus obras, siempre es como mínimo, merecedor de una oportunidad o una lectura. Lo que sí que es cierto es que en la mayoría de sus obras vemos unos denominadores comunes que las hacen automáticamente reconocibles como suyas, no sólo por sus temas fetiche, como lo son el mundo rural y la evocación de la soledad, sino también por su tono y registro, casi siempre nostálgico en el fondo.

Pero de vez en cuando, Jeff Lemire nos regala un trabajo alejado de sus estándares, series que parecen estar escritas por otro autor, pero con la calidad a la que nos tiene acostumbrados en sus trabajos «independientes». Este es el caso de Gideon Falls, una serie que si bien tiene dos de sus elementos favoritos (mundo rural y soledad), la historia se aleja del resto de su producción al introducir el terror y el misterio como motores de una trama que sufrirá una metamorfosis completa desde los primeros números a los últimos. Sorprende, no obstante que Gideon Falls no es puramente una de las últimas ideas de Jeff Lemire, sino una amalgama entre la primera que tuvo y otra que surgió un año antes de Gideon Falls. Así es, el grueso de Gideon Falls nació cuando Jeff Lemire estudiaba cine y era un recién llegado a Toronto desde un pueblecito de Essex County, allí, la suciedad de la ciudad le sorprendió, lo que unido a su estado anímico de aquel momento, sumido en la ansiedad y la depresión dio lugar al comienzo de una oscura historia protagonizada por un tal Norton Sinclair, que rebuscaba entre la basura de su ciudad e investigaba las muestras recolectadas, pero eso es (o era) otra historia.

El elemento central de Gideon Falls es un ente místico, el granero negro, la manifestación de una supuesta leyenda rural asociada a la desgracia. Este granero será el nexo de unión entre dos historias que transcurren de forma independiente, la de Norton Sinclair y la del padre Wilfred, dos personajes totalmente distintos, viviendo en lugares diferentes, pero que desde el momento en el que el granero negro aparezca en sus vidas, todo girará en torno a este oscuro edificio. Con Norton tenemos un fiel y necesario retrato de ciertos problemas psicológicos, principalmente la obsesión, la depresión y la paranoia, que están bastante bien reflejados sin caer en tópicos y tomándose el tiempo de darles la importancia que tienen, en este aspecto se nota que el autor ha vivido problemas psicológicos similares y sabe cómo plasmarlos efectivamente. El padre Wilfred por otro lado representa la crisis de fe, el resignado enfrentamiento de una vida en la que el pasado tiene la fuerza de dominar el presente. Jeff Lemire construye con ellos dos sólidos personajes con los que el lector puede empatizar y que son capaces de soportar sobre sus hombros el peso de la trama y manejarla con soltura.

Pero no son los únicos personajes que se verán arrastrados por el granero negro, la sheriff Miller, la terapeuta Angela Xu, Doc Sutton o el obispo serán también víctimas de la locura, el terror y la imposibilidad de manejar un elemento sobrenatural que cada uno afrontará a su manera; desde la negación, la creencia, la esperanza… de esta forma, y con todas las partes implicadas, se presentarán conflictos ideológicos que cobran sentido al cambiar la concepción de la realidad que pudieran tener. La ciencia y la religión tienen el mismo sentido tras la aparición del granero negro; ninguno.

Pronto, lo que comienza como una historia de terror sobrenatural y misterio, comienza a adquirir toques metafísicos que derivarán y ramificarán la trama en una historia mucho más compleja de lo que pudiera parecer en un principio. Lo que parecía basado en la pregunta de fantasía o realidad, comienza a derivar más en dudas acerca de las realidades en sí cuando el pasado de Gideon Falls revele el origen del granero negro y su naturaleza y muestre el gran mal que habita en su interior sonriendo constantemente. La imaginería de todo lo relacionado con este ser, el granero negro o Gideon Falls en general, es sumamente potente, quizá como historia de terror no se presenten elementos demasiado evocadores, pero sin duda alguna, en lo que es la parte «física», las imágenes y los conceptos, Lemire y Sorrentino consiguen crear una sensación de horror y repugnancia firme y sin concesiones. Lo que trato de decir es que el terror de Gideon Falls no es un terror refinado, ni que se mueva en una vertiente psicológica, no, el terror en Gideon Falls es terror básico, es miedo, es ver algo entre la oscuridad que hacía que de pequeño te escondieras debajo de la cama, o como cuando ibas al baño de madrugada y no te atrevías a mirar al espejo por temor a lo que pudieras ver detrás de ti. Y va a por ti.

La lectura de Gideon Falls no deja tiempo al descanso, puede tener números que no aporten demasiado a la trama central, y aún así, hay una sensación de urgencia de fondo, un algo que obliga al lector a seguir leyendo, a verse arrastrado más y más hacia el centro. Pese a que la historia en su nudo comienza a complicarse y enredarse lejos de toda expectativa inicial, entienda o no entienda lo que está pasando, el lector necesita seguir. Conforme el final se acerca, surge la duda de si Jeff Lemire sabrá cerrar la historia y si estará a la altura; personalmente creo que sí que consigue darle un buen final, quizá debería haberse puesto antes a desarrollar el desenlace y no esperar hasta el último número, pero aún así, demuestra que puede cerrarlo con un final digno. Puede que no sea del agrado de todos, dependerá de cada uno decidirlo, no estamos ante una obra perfectamente redonda, pero sí ante un trabajo que a mi parecer está entre los mejores del autor y entre lo mejor de la producción independiente de estos años en los que ha estado en publicación.

En definitiva, Gideon Falls es un thriller metafísico y sobrenatural, con un fuerte componente de terror, que muta y se transforma para seguir sorprendiendo al lector al darle una historia compleja con unos personajes bien definidos y caracterizados. Sin duda, Gideon Falls es totalmente recomendable para los amantes del cómic americano.

Apartado Gráfico

Para Gideon Falls, Jeff Lemire se asoció con un artista con el que ha realizado ya muchos trabajos; el italiano Andrea Sorrentino. La verdad es que el estilo de Sorrentino es de los más reconocibles del cómic americano, una mezcla de elementos conceptuales, diseño gráfico, minimalismo (en algunos aspectos) y grandes masas de negro, todo ello con una fuerte inspiración fotográfica, otorgan a sus dibujos una fuerza y realismo exagerados. Quizá su arte puede resultar en otras obras un poco pesado, principalmente por el único error que yo le encuentro; casi todos sus rostros masculinos son prácticamente iguales, pero más allá de eso, yo no le encuentro ninguna falta, y si ya me suele gustar en sus otros trabajos, en Gideon Falls me encanta, y creo firmemente, que es su mejor trabajo. No sólo en cuanto a calidad de escenarios, enfoques o narración gráfica, sino también en lo que a disposición de viñetas e inventiva se refiere con descomposiciones y recomposiciones de página impresionantes, donde decenas de viñetas esparcen la historia o se presentan como fotogramas de una película, jugando también con el tiempo y el espacio, con una mención especial a esos momentos en los que hay que girar el tebeo, hay explosiones de metacómic, las onomatopeyas interactúan con la viñeta o cuando imita a Escher.

También hay que destacar los pasajes en los que Sorrentino nos muestra otra cara de su estilo, sin manchas de negro, menos digital y con ciertas reminiscencias a los acabados de Moebius. Funciona muy bien, especialmente de cara a la comprensión de la historia, ya que este estilo sólo lo vemos en determinados momentos como medio para mostrar que la trama fluye de otra forma.

Pese a lo poderoso del dibujo de Sorrentino, sin duda, el trabajo de Dave Stewart con los colores es igual de fundamental para la funcionalidad de la historia. El color de esta obra es donde residen todas las sensaciones y emociones, tanto las que transmite al lector, como las que sienten los personajes. La habilidad de Stewart permite que la soledad, la suciedad, los ambientes y atmósferas cobren vida y sentido dándole fuerza al guión. Destaca especialmente el poderoso uso del rojo sobre negro y tonos oscuros en las escenas de terror con resultados visualmente impactantes.

Mención aparte merecen las portadas de la serie, simplemente un reclamo perfecto para la serie, jugando con las siluetas y el diseño gráfico.

Ediciones

Gideon Falls es una serie relativamente reciente en el mercado (comenzó en 2018) pero con un respaldo importante, lo que ha hecho que sus ediciones no se hayan hecho esperar. En Estados Unidos, como es habitual, a la publicación de las grapas, le siguió con muy poca distancia la publicación en tomos recopilatorios TPB. Estos tomos, aparte de los números en cuestión de cada arco (6 números el primero y 5 números el resto), también recogían al final unas pequeñas galerías con portadas alternativas, sin ningún extra más. Pero, al anunciarse el final de la serie en el número #27, un número mucho más extenso de lo habitual con 80 páginas, decidieron que, ya que el quinto tomo recopilatorio llegaba hasta el número #26, el número #27 iría en un sexto tomo, que sería completado con extras del proceso. Yo tengo esta edición, y estoy muy contento con ella, los TPB de Image Comics siempre son sinónimo de comodidad en la lectura y resistencia, y el único fallo que les veo es que en las páginas dobles no se ve muy bien la información del centro, pero esta decisión de hacer un volumen recopilatorio más en vez de incluir el número #27 en el quinto tomo y hacerlo más voluminoso, me produce sensaciones divididas. Por un lado, no me gusta la maniobra en sí, ya que encarece el precio de la colección, con un último tomo que de 120 páginas, sólo 80 son historia en sí, es decir, un tercio del mismo es material extra. Y a mí, aunque me gusta que los TPBs incorporen un poco de material extra (y de hecho, los tomos de Image Comics suelen hacerlo), creo que 40 páginas, aunque sean interesantes, es algo propio de ediciones de lujo, no del formato «accesible». Pero por otro lado, como en el resto de tomos no hemos tenido más extras que las portadas altenativas, poder echar un vistazo al proceso creativo es algo muy atractivo. Pero creo, sinceramente, que esta no era la manera, estos tomos, que, exceptuando el primero, sólo contienen cinco números, son muy caros de partida (16,99$ por alrededor de 120 páginas), y no les habría costado nada darnos unas páginas de extras en cada tomo, y no guardarlos para poder engordar el número final y hacer a los lectores comprar un tomo más. Aunque también es cierto, que al menos, el último tomo ha bajado de precio a 12,99$.

En cuanto a los extras en sí que incluye el último tomo (Gideon Falls Volume 6: The End), se tratan del guión completo del número #27, que resulta interesante para ver la libertad que tiene Sorrentino a la hora de componer y diseñar la página, varias páginas donde se explica cómo funciona todo el aspecto multiversal y metafísico de la serie, con esquemas y dibujos nuevos (así como las viñetas que forman los cubos de la página doble del número #4), dicha página doble, y por último la portada regular y la portada alternativa del último número. Unos extras interesantes, especialmente la parte de cómo funciona el universo de Gideon Falls, pero excesivos, porque por ejemplo, el guión completo de un número es un material que no resulta tan atractivo, por lo menos en mi caso, como bocetos, ilustraciones u otras cosas y se lo podrían haber ahorrado, pero había que rellenar…

En septiembre, en Estados Unidos se publicará el primer tomo recopilatorio en formato Deluxe HC (mayor tamaño, tapa dura), de dos, de la serie.

En España, la editorial Astiberri, que trae todos los trabajos de Jeff Lemire en Image Comics, no tardó en empezar a publicar también Gideon Falls, en tomos en cartoné copiando los TPBs americanos con la calidad acostumbrada por la editorial bilbaína, con un precio de 18€ el primero y de 16€ el resto, menos el último, que vale 15€.

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