RESEÑA Chew, de John Layman y Rob Guillory

«El pollo es la muerte.»

Chew es una serie de 60 números (Chew #1-60) publicada originalmente entre junio de 2009 y noviembre de 2016 por Image Comics. Sus creadores son John Layman (guionista) y Rob Guillory (dibujante).

Tony Chu es un cibópata, es decir, un tipo que recibe impresiones psíquicas de todo lo que come, haciendo que, si ingiere una manzana, vea su ciclo de vida, los pesticidas que usaron en ella, cómo fue recolectada… o, si come una hamburguesa, reciba sensaciones mucho más… sangrientas y violentas. Gracias a su don, se convertirá en un agente especial de la FDA y junto con su compañero John Colby tendrá que investigar innumerables crímenes relacionados con la comida, especialmente el pollo, cuyo consumo ha sido prohibido por el gobierno a raíz de una gripe aviar que acabó con la vida de millones. Pero esto es sólo la superficie, puesto que extraños y siniestros villanos, sectas, letras de fuego en el cielo y muchas más cosas, le complicarán la vida hasta puntos insospechados.

Acabo de empezar la reseña con el párrafo que utilizo como sinopsis, y ya tengo la sensación de que no estoy haciéndolo bien, pero es que es imposible resumir de qué va Chew en un párrafo, ni siquiera en la reseña completa podría explicarlo debidamente, porque es uno de esos cómics, de esas historias, que hay que experimentar para poder apreciar su verdadero ser. Es que simplemente, leyendo el primer arco, incluso el segundo, el tercero, el cuarto… el lector que se acerca a Chew por primera vez no puede hacerse a la idea de todo lo que está por venir y como la historia va a evolucionar, mutar y desarrollarse de formas insospechadas para llevarle por rincones que jamás se esperaría visitar. Ni siquiera me atrevería a encuadrar esta serie en un género, porque bebe de tantos… el procedimental policiaco, el suspense, la comedia, la ciencia ficción… todo ello aderezado con los toques pertinentes de drama y gore.

El protagonista de nuestra historia es Tony Chu, un detective de la policía de Philadelphia que no tardará en ser fichado por la FDA para convertirse en un agente especial. FDA son las siglas de «Food and Drug Administration» (Administración de Alimentos y Medicamentos), una agencia estadounidense real que en nuestro mundo se dedica a vigilar y regular todo lo relacionado con comida, medicinas, cosméticos y demás cosas relacionadas, como su propio nombre indica. La única diferencia es que en el mundo de Chew la FDA se ha convertido en la fuerza del orden más poderosa desde que un brote de gripe aviar acabase con la vida de millones de personas y se prohibiera el consumo de pollo y similares. De hecho, ahora el pollo se vende, adquiere y consume como si fuera una droga.

Pero la FDA no sólo vigila el tráfico y consumo de pollo, sino que también se encarga de todos aquellos crímenes relacionados con la comida, y creedme; no son pocos.

Y como muestra de que no son pocos los crímenes relacionados con la comida, basta con conocer cómo se fraguó esta serie; y es que Layman tenía muchas ideas bizarras relacionadas con la comida y decidió hacer una serie para dar rienda suelta a este foco de creatividad que venía rondándole la cabeza. Pero al contrario de lo que pudiera parecer por su origen, no es la historia la que pivota en torno a toda esta locura culinaria, sino que la historia transcurre en un contexto en el que la comida tiene gran importancia. Así que que nadie se preocupe, esto no es un cúmulo de ideas sueltas mal conectadas, sino algo con alma, finalidad y muy planificado.

De hecho, voy a extenderme un poco más hablando de la concienzuda planificación de la historia y la continua imbricación de tramas. Ya lo comenté en la reseña original que hice de esta serie hace ya casi cuatro años, pero John Layman contaba en los correos de los primeros números en su edición en grapa, que él tenía una historia pensada para 60 números, pero las ventas decidirían si se podría llegar a dicha cifra y seguir lo que él tenía en mente. Es decir, que sabía lo que necesitaba para contar su historia.

Llegando como se llegó a esos soñados 60 números, Layman demostró que hasta el más mínimo detalle había sido tenido en cuenta en su gran esquema, y así, continuamente recibíamos vistazos de lo que vendría en el futuro (incluyendo viñetas aisladas de números que estaban por llegar, indicándonos incluso el número en concreto del que provenían), los hilos argumentales se iniciaban en medio de otros de manera sutil, los acontecimientos se iban entrelazando, nada de lo que pasaba ni los personajes que aparecían era cosa del azar… confiriendo al conjunto de la obra una solidez y una organicidad que la transformaban en una historia plena de vida. Y esto ya se veía en los primeros números. De hecho, muchas veces, en esos fondos que siempre guardan sorpresas y chistes, hay alguna pista de cosas que pasarán.

Por muy extraño que pueda llegar a parecer Chew en algún punto, todo tiene sentido y propósito dentro de la absurdez, no se da un paso sin haberse planificado previamente, de hecho, John Layman escribía los números desordenados, lo que demuestra que tenía bastante claro todo lo que iba a suceder, cuando y cómo.

¡Si es que llegaron a publicar el número #27 entre el #18 y el #19!

Sí, sí, tal cual lo estoy contando, después de publicar el número #18, cuando se suponía que tendría que salir el número #19, lanzaron el número #27, y al mes siguiente volvieron a la programación habitual con el número #19, y cuando le llegó el turno al número #27 después del número #26, lo volvieron a publicar para los despistados y… ¡era exactamente el mismo número! ¡sin trampa ni cartón!

Comentaba que las tramas se entrelazan entre ellas, y esto es algo que le da una magnitud superior a la obra; tenemos la historia dividida en arcos, pero no son tramas aisladas y estancas, que estan truncadas en favor de producir volúmenes, sino que lo que vendrá ya se anticipa previamente, en arcos anteriores, al estilo de algunas series superheroicas clásicas, como, por ejemplo, el Escuadrón Suicida de Ostrander, y al mismo tiempo van componiendo el plato principal a base de este menú degustación que son los arcos.

Y a lo largo de los 12 arcos y 60 números de la serie, seremos testigos de cómo ésta evoluciona y cambia mucho desde lo que percibimos al principio a cómo acaba siendo, pero siempre de una forma totalmente fluida, como si estuviésemos ante un ser vivo. Pero claro, para conseguir que un lector te sea fiel durante tanto tiempo y tantas viñetas, necesitas conquistarle, y esto es algo que no tarda en ocurrir leyendo Chew, incluso si en un principio no te atraía, como le des una oportunidad, no habrá vuelta atrás.

Para ejemplificar esto, expondré mis pecados y me revelaré como un hipócrita. No es un secreto que siempre que puedo ensalzo Chew como mi serie favorita de Image Comics y uno de mis cómics favoritos en general. Los Muertos Vivientes, Kill or be Killed, Clase Letal, Revival, Gideon Falls, Este del Oeste… piensa en la que quieras, que, por mi parte, si tuviera que dejar de existir para poder seguir disfrutando de Chew, yo mismo quemaría todos los ejemplares.

Pero no siempre fue así, hubo un tiempo, hace años, antes de que comenzara a leer Chew, que cuando veía algo de esta obra, no comprendía qué podía tener para que en Estados Unidos hubiera sido tan laureada. Pero en aquel momento tenía muchas ganas de conocer los principales títulos de Image Comics y como digo, Chew sonaba mucho en las recomendaciones americanas. Y de verdad, que desde fuera, la premisa parecía un poco chorra y el dibujo no tenía pinta de ser de mi agrado, pero a veces hay que dar un salto de fe y eso es lo que hice.

Y gracias al Dios de los cómics por esta decisión.

Puede que empieces leyendo con una ceja ligeramente arqueada y poco convencido, pero no vas a tardar en bajar esa ceja, relajar el rostro y blandir una sonrisa, porque estás comenzando un viaje tremendo. Y que nadie se deje engañar por la aparente comicidad y simpatía que se percibe externamente de la serie, porque se alcanzarán altas cotas de oscuridad y drama, incluso puede que llegues a derramar alguna lágrima si te pilla desprevenido.

Quizá la primera clave en el menú que nos ofrece Layman, para que nos enganchemos a la serie es que en Chew todo cabe, y esta es el principal adalid del cómic: la imaginación y las reglas del juego no ponen límites, ni en la forma ni en el fondo. Las situaciones más rocambolescas y absurdas aquí cobran todo el significado y se integran en una delicia extravagantemente potente. Esta continua sorpresa, la dificultad de prever el siguiente paso en la historia, hacen que queramos leer más. Crímenes, fantasía, desbarre, prehistoria, vampiros, ciencia ficción… todo se mezcla y genera un cóctel intenso pero equilibrado dentro de su locura.

Y para añadir más intensidad a esta peligrosa alquimia creativa e inesperada, hay que fijarse en la estructura a la hora de narrarnos las historias; su continente, la forma en que los autores presentan y nos desarrollan la trama. No suele seguir un esquema tradicional con principio y fin y un desarrollo intermedio con mayor o menor complejidad, sino que hay números que pueden estar presentados desordenados, saltando de un lado a otro, tanto temporal como espacialmente, diciéndonos «esto va a pasar» y acto siguiente «pero esto pasa antes», o «esto en realidad no pasa, pero mola» o «esto sólo es una teoría» «te hará más soportable lo que viene después». Es una narración en continuo movimiento, hiperactiva, que no complica nunca las cosas, porque Layman (no hay que olvidar que tiene una dilatada experiencia como editor) se asegura de que siempre todo sea sencillo de seguir, pero que añade un toque enérgico y dinámico al conjunto que hace que el lector se implique, se sorprenda e incluso se pregunte cómo pueden ser así las cosas.

Todas estas virtudes, frescura y energía que desprende la premisa, el desarrollo o la trama en sí, es completamente extrapolable a los personajes. No en vano, éstos tienen gran parte de la culpa de que Chew funcione como lo hace. El elenco de éstos, continuamente cambiante, es enorme, y Layman no se conforma con centrarse en su protagonista y el círculo más cercano, sino que el protagonismo muchas veces es compartido, y según avanza la historia, todos los personajes que vemos, más o menos secundarios evolucionan y tienen un rol fundamental, dejando incluso de lado a Tony que vendría a ser el protagonista, durante determinados números.

Dentro del gran reparto de la serie, destaca la variedad; no encontramos dos personajes con carácteres iguales, sino que, como si se tratase de la vida real, todos son distintos y muy humanos. Algún punto de las personalidades puede estar exagerado, pero no hay que olvidar que la exageración (mesurada) es la seña de identidad de la serie, y no percibiremos nada que chirríe.

Me gusta especialmente que haya una clara evolución, indagación y desarrollo de personajes, añadiéndole más profundidad a la ya de por sí interesante tridimensionalidad de la historia. Cada lector escogerá su favorito, y no sería raro que Tony Chu cayese mal, especialmente en la primera lectura, o que Toni nos conquiste, Colby nos haga reir, Amelia nos enamore… pero puede que nada de eso pase contigo, pero lo que sí que está claro es que cualquiera flipará con… ¡POYO!

Y no comento lo de Poyo por caer en el recurso fácil, porque cualquiera que haya leído la serie sabe que Poyo es el favorito de todos los aficionados, sino porque este personaje ejemplifica a la perfección las capacidades y virtudes de Chew, de cómo abrazar la absurdez y la locura para domarlas y convertirlas en un producto atractivo y funcional, por muy bizarro que parezca.

Algo que no hay que olvidar cuando hablamos de Chew es la importancia de esta serie dentro de Image Comics y el cómic americano «independiente» o de autor. Actualmente, y especialmente desde que más o menos en 2012 se diera una explosión de proyectos exitosos y de popularidad en Image Comics, el cómic americano «independiente» se ha convertido en un producto muy extendido y que publican innumerables editoriales, unas reestructurando sus contenidos y otras creándose desde cero.

Pero la gran presencia de este tipo de cómics desde hace unos años se debe a un largo recorrido, en el que se podría mencionar (sin irnos demasiado atrás en el tiempo) a First Comics, Eclipse, Vertigo, Dark Horse… pero también a Image Comics y en mi opinión, especialmente tres series. Una de estas series sería Los Muertos Vivientes, el eterno ejemplo de éxito, el cómic que le valió a Robert Kirkman millonadas, una serie de televisión, merchandising y una silla en la cúpula de Image Comics, demostrando que los proyectos personales en el cómic podían ser éxitos sin precedentes. Otra de las series sería Saga, que no tiene, tanta importancia como la anterior, pero que es una de las que marcó la explosión de Image Comics en la década de 2010, gracias a la enorme captación de lectores de otro tipo de cómic o de personas ajenas al medio que tuvo, marcando por tanto también la proliferación de series, sellos y editoriales independientes (aunque no creo que fuera algo que consiguió Saga de forma exclusiva, ni de lejos).

La tercera es, por supuesto, Chew. Image Comics en la década de los 2000 no es el erial que muchas veces se cree, y en el que sólo estaban Los Muertos Vivientes junto con las series míticas de los noventa. Había bastantes creadores con obras potentes que han quedado injustamente olvidadas, como por ejemplo todo el trabajo de los hermanos Luna o de Jay Faerber por mencionar un par de ejemplos. Los Muertos Vivientes vinieron a hablar del éxito desmesurado, de la rentabilidad, pero el estilo posterior de Image Comics yo creo que viene marcado por el resto de creadores de la Image de esta época más allá de Kirkman y los socios fundadores, y también por John Layman, Rob Guillory y Chew.

Chew hablaba de las infinitas posibilidades del cómic «independiente», de cómo se podía hacer cualquier cosa, emplear los personajes que se quisiesen e inventar las tramas más locas que dictase la imaginación de los autores. Todo esto accediendo al éxito; no al éxito desmesurado y monetario de Kirkman, pero sí al éxito rotundo otorgado por la afición y la crítica, que permitirían a Layman y Guillory terminar su proyecto tal y como quisieron y recolectar por el camino varios premios Eisner y Harvey. No creo que sea coincidencia que muchas las series más famosas de la Image de los 2010 (Saga, Este del Oeste, Muerdeuñas, Revival, Ciencia Oscura, Clase Letal…) tengan todas premisas bastante imaginativas y en algún caso rocambolescas.

Pero bueno, puede que todo esto sólo sea una paranoia mía, aunque quería dejarla por escrito.

Escribo esta reseña tras releer la obra, ya que desde que la descubriera hace ya cuatro años (lo he dicho antes, ya empiezo a repetirme) no había vuelto a ella, o al menos no de manera directa. He leído y releído todo lo que ha hecho Layman en Image Comics, incluyendo material relacionado con Chew, y también he estado atento a la serie de Rob Guillory; Farmhand, pero me he mantenido alejado de Chew voluntaria o involuntariamente, aunque sabía que tarde o temprano necesitaría volver.

El factor que me hacía resistirme a la relectura era el miedo a que me decepcionase, a que Chew no fuera ese cómic tan especial que me había maravillado y crecido en mi mente incluso después de leerlo. De hecho, creo que al comienzo de la relectura, este miedo hizo que no disfrutase tanto como debía, pero Chew acabó haciendo que me quitase esto de la cabeza y mostrando su magia otra vez volví a tener esas sensaciones maravillosas de la primera vez, pero esta vez con una perspectiva distinta, que me hizo disfrutar de la serie de otra forma y apreciar cosas que no me convencieron tanto la primera vez como por ejemplo el penúltimo arco argumental. Y como con todas las historias largas realmente buenas, al terminar queda una sensación de vacio… ¿cómo podré llenar este hueco? ¡con más cómics!

Así que ahora, con toda la seguridad del mundo, puedo afirmar que Chew es, para mí, mi serie favorita de Image Comics, y uno de los cómics más especiales que yo he leído. Espero que gracias a la próxima reedición de la serie en formato integral, le llegue la prosperidad que creo que le ha faltado en España, donde ha pasado muy desapercibida.

A todo el mundo que pueda estar leyendo esta reseña, le recomiendo encarecidamente Chew, porque creo que es un cómic que como mínimo hay que conocer. Puede que luego no sea para ti, por su caracter tan peculiar, pero si no lo pruebas no hay manera de averiguarlo. Así que si quieres una gran historia, distinta, rocambolesca, hiperactiva, fresca, divertida, original, que enganche, que emocione y que regale momentazos y personajes… lee Chew.

Más allá de Chew: Crossovers y rarezas

El éxito de Chew, tanto entre el público como la crítica, le valió la oportunidad de explorar otros caminos aparte de la serie principal, a través de spin-offs, especiales y crossovers, que comentaré brevemente aquí para poner en situación al no iniciado en el Chewniverso, pero antes de nada, me gustaría dejar claro que nada de esto es necesario para leer y disfrutar la historia principal, que está completamente contenida en los 60 números de Chew:

Los especiales de Poyo:

Cualquiera que lea Chew, no tardará en sorprenderse con cierto gallo de pelea que aparece en la historia de manera recurrente y que tiene un papel especial en el discurrir de la serie. Un personaje tremendamente carismático, pese a que lo único que pueda decir sea «bok», y que no tarda en ganarse el cariño de los lectores. Tal fue su calado, que Layman y Guillory sacaron 3 especiales centrados en sus aventuras: Chew: Secret Agent Poyo (julio de 2012), Chew: Warrior Chicken Poyo (julio de 2014) y Chew: Demon Chicken Poyo (abril de 2016).

Son números muy en la línea de la serie principal, pero que al versar sobre Poyo son todavía más fantasiosos, hilarantes, excesivos y absurdos. Su implicación en la historia principal es mínima, no es estrictamente necesario leerlos, aunque creo que forman parte del conjunto de una manera especial. Lo bueno es que en todas las recopilaciones de Chew se incluyen siempre estos especiales. Yo creo que son muy recomendables si estás leyendo la serie principal y no me los saltaría.

El crossover con Revival:

Una de las series exitosas del renacimiento de Image Comics a partir de 2012, es Revival, que fue apoyada por aficionados y crítica acumulando la friolera de 47 números que, aunque a mí no terminaron de emocionarme, suelen encantar a los lectores. Para el que no conozca la serie de Revival, la trama gira en torno a un pueblecito de Wisconsin en el que los muertos han vuelto a la vida, pero no en el clásico estilo zombie, sino como si no hubieran muerto nunca, como personas «normales». Evidentemente había mucho más de lo que parecía en un primer momento y el pueblo de Wausau se convertiría en una zona de excepción donde no pararían de darse macabros y extraños sucesos.

Pese al enfoque más noir de Revival, intentando siempre evocar seriedad y realismo más allá de la evidente fantasía del argumento, los creadores tanto de Revival como de Chew decidieron hacer un crossover que consistía en una grapa dividida en dos historias: Chew/Revival y Revival/Chew (mayo de 2014), dependiendo si la empezabas por el «principio» o el «final» (básicamente había que darle la vuelta a la grapa). Ambas historias son totalmente autoconclusivas, independientes, y realizadas por el equipo creativo correspondiente (en Chew/Revival sería el de Chew y en el de Revival/Chew el de Revival) con su estilo particular, lo que significa que la primera es una locura al estilo de Chew y que la segunda trataba de enfocar el tema de la cibopatía de Tony de una forma un poco más «serio» o «plausible». Para mi gusto, la de Chew/Revival está curiosa, y la otra es un cómic que intenta integrar Chew en el mundo de Revival despojándole de su personalidad, pero claro, se podría decir lo mismo pero al contrario de Chew/Revival… pero cada cual barre hacia su casa.

A la hora de recopilarse, sólo se incluye en las ediciones de Chew o Revival el especial de sus creadores. Al ser autoconclusivos, no pasa nada porque falte el otro especial, y sinceramente, nadie se pierde nada si no lee el de Revival/Chew.

El crossover con Outer Darkness:

La siguiente serie larga de Layman (o al menos eso pretendía) fue Outer Darkness, junto con el dibujante Afu Chan. Una epopeya cósmica que no sólo empleaba elementos de ciencia ficción, sino que introducía otros propios del género de terror, especialmente relacionados con las posesiones demoníacas.

Una serie que a mí me encanta, pero que fue publicada por el sello Skybound de Image Comics, el sello de Robert Kirkman que se supone que facilita a los autores que la obra llegue a televisión o cine pero que… les hace renunciar a los derechos sobre la obra. Increíble, ¿verdad?

Sinceramente, no sé en qué estaría pensando Layman, porque tras 12 números que concluían la primera temporada de tres, las ventas de la serie no eran suficientes para lo que quería la gente de Skybound. Creo que este es el motivo por el que se lanzó una miniserie de 3 números que cruzaba los universos de Chew y Outer Darkness, una serie con el original título de… Outer Darkness/Chew #1-3 (marzo, abril y junio de 2020). Una iniciativa que seguramente trataba de captar la atención de los aficionados de Chew para que conocieran la nueva serie de Layman. Por desgracia, no sé si esto llegó tarde, no fue suficiente o incluso la pandemia tuvo algo que ver, pero Outer Darkness fue cancelada.

Pese a que yo teorice con que su origen sea «económico» (no tengo pruebas, pero me parece razonable), Outer Darkness/Chew es un experimento ideal, que aúna la esencia de ambas series con una originalidad y un ritmo geniales. Ni influye en la trama de Outer Darkness ni en la de Chew, pero para mí, merece muchísimo la pena leerla, como también merece mucho la pena leer Outer Darkness, aunque se haya quedado a medias, prometía llegar (y quién sabe si sobrepasar) la maravilla que es Chew.

El… ¿spin off? Chu:

En julio de 2020, se publicó el primer número del nuevo proyecto de Layman; Chu, acompañado esta vez por el dibujante Dan Boultwood. Pese a estar ambientada en el universo de Chew, tanto el tono como la trama se alejaban de la serie «madre». Ahora, la protegonista era Saffron Chu, la hermana de Tony Chu, una mujer enérgica y dedicada a una vida de robos.

La serie comienza antes de los sucesos de Chew (y de hecho podemos ver los primeros compases de la gripe aviar que causaría la prohibición del pollo), y no guarda apenas relación con ésta. Es cierto que en el primer arco, veremos a personajes conocidos como Tony Chu o John Colby entre otros, pero a partir de ahí sigue su propio y distinto camino.

El planteamiento de John Layman con esta serie era crear arcos o temporadas cerradas de cinco números, que tuvieran un tono y unas tramas distintas a Chew. Para él, era como la relación entre Better Call Saul y Breaking Bad; mismo universo, personajes comunes, tramas que a veces se rozan, pero dos productos muy distintos.

Por ahora sólo hemos podido disfrutar de 10 números, o lo que es lo mismo, dos arcos y no se sabe muy bien cuándo o si continuará la historia. Son cómics muy disfrutables aunque no llegan a la calidad de Chew o de Outer Darkness. Espero que nos sigan llegando arcos de esta serie, porque a mí me gusta bastante.

La rareza… Chew Script Book:

Aunque haya quedado un poco en el olvido, en marzo de 2011, se publicó una grapa muy particular; el Chew Script Book, un número que recogía el guión original para el número #1 de la serie, con los layouts, bocetos y desarrollos de página del número completo así como diseños de portada y personajes. Un complemento muy chulo para aquellos con curiosidad de cómo es el proceso creativo de la serie o de los cómics en general. A mí me parece algo bastante curioso, pero no aporta nada a la historia de la serie, obviamente.

El futuro:

Quiero recordar que hace unos años Layman comentó que venían proyectos relacionados con Chew: Chu (de la que ya hemos hablado) y Chew 2, la secuela de la serie principal. Actualmente Layman comentó que iba a dejar los cómics (al menos temporalmente o para proyectos largos) por lo que parece que Chew 2 tendrá que esperar, aunque pronto llegará una nueva historia corta de Chew a cargo del equipo original (Layman y Guillory) en la iniciativa Comics for Ukraine: Sunflower Seeds.

Apartado Gráfico

Sin Rob GuilloryChew no habría sido Chew. El arte del dibujante de Lafayette, Lousiana, es el único medio a través del cual la historia planeada por John Layman podría llegarnos tan pletórica de vida, fuerza y autenticidad. Al igual que el guión, el arte abraza su verdadero ser, no trata de ocultar su locura, sus bizarradas, su absurdez… y, al hacer esto, todo cobra sentido y los personajes se mueven como si existieran de verdad, por más rocambolesco o fantasioso que pueda ser el contexto en el que se encuentran.

El dinamismo del estilo de Rob Guillory, sus composiciones (en las que también influye Layman, puesto que sus guiones eran bastante específicos con los layouts de la página, aunque siempre aceptaba cualquier cambio que sugiriese Guillory en este aspecto), sus elecciones de enfoque, lo detallado de sus viñetas, la fuerza y la expresividad de todo… Quizá esa tendencia alejada del realismo y cercana al cartoon y al graffiti, pero desde un enfoque independiente y muy personal puede echar atrás a muchos lectores, pero el resultado es intachable, desde la pura iconicidad del acabado a los aspectos de claridad y eficacia en la narración gráfica, por no hablar de los diseños de los personajes, siempre imaginativos y rompedores. Lo de los innumerables chistes, gags y guiños en los fondos de las viñetas es impagable y añade más a la hiperactividad que emana Chew. Todo esto sin mencionar la enorme evolución que sufre el arte de los primeros números a los últimos…

Y yo era el primero que no se sentía atraído por el dibujo, pero es que te acaba enamorando, y no precisamente porque sea lo más bonito del mundo, sino porque es genuino y pleno, personal y efectivo, cargado de recursos y lleno de vitalidad. Layman no podría haber escogido un mejor dibujante para hacer realidad la serie, y quién sabe si habría podido haber llegado a ser lo que ha sido sin Guillory, yo sinceramente creo que no.

En cuanto al coloreado, Guillory recibe apoyo de Lisa Gonzales (en los números #5-8), Steven Struble (en los números #9-18) y de Taylor Wells (en los números #19-60). Por cierto, Taylor Wells acabaría siendo la colorista (esta vez colorista completa, no sólo de apoyo), de los 14 primeros números de la serie creada, guionizada y dibujada por Rob Guillory en solitario para Image Comics tras acabar Chew: Farmhand.

Ediciones

Son varias las ediciones que ha tenido la serie de Chew, y para no alargar innecesariamente este apartado, comenzaré dejando claro que todas ellas contienen los mismos números; Chew #1-60, los tres especiales de Poyo y el Chew/Revival, es decir, todo lo que necesita el lector que se acerque a la serie. A partir de ahí, lo único que varía entre las ediciones es la distribución de contenidos y la cantidad de material extra.

Empezando por las ediciones americanas, tenemos las grapas originales, la recopilación en TPB (12 tomos que incluyen 5 números por tomo, exceptuando los que traen algún especial que suben a 6 números por tomo) y con una cantidad reducida de extras que incluye portadas alternativas, bocetos, diseños, pin-ups, algún texto…, la recopilación en formato Omnivore (que sería lo que conocemos como Deluxe HC, con mayor tamaño, tapa dura, más extras, 6 tomos en total y con 10/11 números por tomo) y por último la edición Smorgasbord (todavía más grande que la Deluxe HC, 3 tomos en total, con 20/22 números por tomo y supongo que todavía más extras, de hecho, diría que incluye incluso el Revival/Chew).

En España, Planeta Cómic, que es quien tiene los derechos de publicación de Chew, lanzó la serie en formato rústica (tapa blanda) a un precio que osciló entre 12,95€ y 17,95€, siguiendo la edición en TPB americana. Lamentablemente parece que la serie pasó sin pena ni gloria y apenas se ha hablado de ella, hasta que, recientemente, Planeta anunció la reedición de Chew, pero esta vez en formato integral en 3 tomos, entiendo que calcando la distribución y contenidos de la Smorgasbord americana pero a tamaño Deluxe, es decir, un poco más grande que el cartoné habitual y en principio, o por lo menos el primer tomo, a 50€. Con la nueva edición en el horizonte, son muchos los que se están fijando en esta serie y esperemos que sirva para que se le dé el reconocimiento que merece.

Personalmente tengo la edición en TPB y estoy muy contento con ella. Son tomos resistentes y muy cómodos de leer, con la historia seccionada en arcos y una cantidad muy manejable de extras que le dan un plus a la experiencia de lectura.

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