RESEÑA Balas Perdidas, de David Lapham

«Un final feliz es saber dónde poner esas dos palabras: THE END.»

Balas Perdidas es una serie de cómic cuyo volumen original, que constaba de 41 números (Stray Bullets #1-41), fue publicado por El Capitán Books (los primeros 40 números) con una periodicidad irregular entre marzo de 1995 y octubre de 2005 y terminó de publicarse con su número final (Stray Bullets #41) en la editorial Image Comics en marzo de 2014. Su creador, guionista y artista es David Lapham.

Desde Baltimore hasta Los Angeles, pasando por peculiares localizaciones como Seaside, multitud de personajes son víctimas de las malas decisiones, los azares del destino y la crueldad humana. Una niña inocente se verá obligada a enfrentar la brutalidad de la vida convirtiéndose en una fugitiva con un enorme potencial para acabar siendo una delincuente, un trío de jóvenes necesitará ocultarse en medio del desierto si quieren mantenerse alejados de sus perseguidores, los barrios residenciales de Los Angeles pueden ocultar más de un terrible secreto… y continuamente, la cruda y oscura imagen que ofrece la realidad cuando uno se mueve en unos ambientes que muchos no conocerán jamás, pero que los que se ven arrastrados a ellos jamás podrán abandonar.

En 1995, David Lapham lanzaba al mercado Balas Perdidas, un cómic que no tardó en ganarse a la crítica (consiguiendo varios premios, como un par de Eisner) y un hueco entre cierto nicho de aficionados cercanos a la escena más independiente del cómic americano. Y sí, en este caso es independiente sin comillas, no como cuando hablo de series publicadas por editoriales como Image Comics o Dark Horse, esta vez, Balas Perdidas pertenece a esa categoría de cómic puramente independiente, ya que fue autopublicado por el propio David Lapham y su mujer, Maria Lapham, a través de El Capitán Books, editorial que ellos mismos fundaron, precisamente para publicar Balas Perdidas.

Pero no creo que sea demasiado interesante hablar de qué denominación le correspondería a Balas Perdidas por su tipo de publicación, ya que, se reduce a una cosa; un cómic de autor, con toda la libertad creativa para éste, lo que dará lugar a una serie única, tanto en su concepción como en su estructura y desarrollo.

Balas Perdidas es un cúmulo de historias protagonizadas por un enorme y muy cambiante reparto de personajes, teniendo que ver, la mayoría de ellas, con los ambientes criminales de Estados Unidos o lo trágico de las vidas de los implicados. El cómic nos presenta relatos despiadados en los contextos más sórdidos, consiguiendo generar un impacto casi constante en el lector. Se recrea en la condición humana, siempre susceptible de cometer fallos y a decepcionar a los seres más queridos por los responsables. Pero al final, este mosaico es lo que genera la idiosincracia de la vida, y David Lapham nos lo mostrará siempre acudiendo a los derroteros más cercanos a los bajos fondos, y otras situaciones que parten de lo cotidiano, pero que suelen acabar desviándose a las opciones más egoístas o menos éticas.

Yo llegué a Balas Perdidas sin saber absolutamente nada de ella más allá de esa fama que tenía (especialmente entre los aficionados a un cómic más independiente), y que se enmarcaba dentro del género de ficción criminal. Esto hizo que la lectura me sorprendiera por lo atípico de su estructura; empecé leyendo un primer capítulo, que contaba una historia cerrada que transcurría en 1997, y en el siguiente capítulo, la narración se trasladaba a… ¡1977! Posteriormente, los saltos temporales serían más comedidos, y se centrarían principalmente en la década de los 80, pero el cambiar de contexto tanto temporal como espacialmente sería una constante en la obra. De esta forma, los capítulos presentan historias cerradas, que en ocasiones componen una mayor a lo largo de de varios números, pero que casi nunca siguen una linealidad simple, sino que el lector tiene que estar muy atento a la historia, ya que lo que recibe son piezas de un enorme puzzle, que se va componiendo de una forma muy aleatoria, lo que puede desesperar a algunos al principio, puesto que cuando uno tiene todo su interés centrado en unos personajes y una trama, será arrastrado contra su voluntad a otros personajes y otra trama totalmente distintos, que en apariencia no tienen absolutamente nada que ver, pero que si se presta atención, se podrá comenzar a ver los puntos en común, ciertos personajes ya conocidos, algunos hechos que explican determinados comportamientos, una evolución conceptual…

Como digo, no es una estructura común en absoluto. Personalmente, es la primera vez que he visto algo tan fragmentado (en apariencia) en un cómic, y pensaba que me costaría pillarle el tranquillo, porque es mucho más cómodo seguir la trama por un camino más sencillo y sin que te trasladen de un punto a otro cuando tu atención está centrada en una historia en particular, además de que al principio tenía que ir hacia atrás para repasar los personajes que habían aparecido brevemente con anterioridad. Pero para mi sorpresa (sí, otra vez me sorprende Balas Perdidas) no tardé en ir conociendo a todos los personajes perfectamente y en cogerle gusto a este peculiar recurso, aunque también es cierto que no me importaba volver hacia atrás por el disfrute que suponía recordar historias pasadas. Al final, estas historias más contenidas le ofrecían a David Lapham una libertad creativa abrumadora, en la que no tenía ninguna obligación en cuanto a permanecer trabajando en zonas de las que se hubiera cansado, la historia avanzaba de forma salvaje según los deseos del autor, y eso es siempre algo ideal para la calidad de una obra. Creo que, a determinados lectores, este modo de presentar una serie se les puede hacer bola, especialmente si no quieren implicarse demasiado en la misma y prefieren un viaje más cómodo, pero si uno entra en el juego, se dará cuenta de que Balas Perdidas es un cómic inimitable y toda una muestra de la fuerza del medio.

Además, este tipo de historias o arcos argumentales de menor extensión permiten crear un contexto en constante expansión, así como un elenco de personajes que nunca deja de crecer, lo que permite al lector encontrar continuamente nuevos puntos en común con los personajes, con grandes dosis de empatía o de odio hacia los implicados. Pero lo mejor de estas historias cortas es la gran variedad de subgéneros implicados así como estilos de narración e historias empleados, dando lugar a multitud de números autoconclusivos que son joyas tremendas, de esas que a uno siempre le apetecen leer.

Y pese a la narración tan fragmentada, en apariencia carente de cualquier tipo de planificación, poco a poco se van completando detalles y componiendo una imagen general de un relato crudo sobre personas terriblemente humanas, víctimas de unas circunstancias que les obligan en muchos casos a arrastrase por un mundo muy peligroso, que convive en silencio con la esfera de la más absoluta normalidad y cotidianeidad sin que nos demos ni cuenta. Todo va cuadrando para mostrarnos por qué los personajes tienen determinadas actitudes y personalidades o sus motivaciones para actuar de ciertas formas, pero dejando tajantemente claro que se caracterizan por ser personas cualquiera, cargadas de defectos y tremendamente falibles.

Quien quiera una historia con un principio y un final claramente marcados, que se aleje de Balas Perdidas, puesto que este cómic es más bien un fragmento de las vidas de sus protagonistas, funcionando un poco como ese final de El Guardián entre el Centeno, en cuanto a no ceñirse a una conclusión, sino siempre dejar espacio para que el lector se plantee su propia continuación o que siga con los nuevos volúmenes que el autor continúa publicando. Pero esto no es algo malo, sino que le otorga una flexibilidad a la serie que permite al lector bajarse al final de cada arco argumental si así lo desea, o simplemente, si es capaz de dejar de leer.

Otro aspecto que no tardó en sorprenderme de Balas Perdidas fue la crudeza de todo lo que pasa en las historias. David Lapham no se pone ningún tipo de límite en este aspecto, y arroja situaciones realmente espinosas por doquier, siempre incidiendo en todo el mal al que son capaces de llegar las personas, a todos los niveles posibles. Pero no sólo hay asesinatos, torturas, abusos sexuales (incluso a menores), palizas o vejaciones, sino que también ilustra otro tipo de comportamientos fuera de la moralidad y que pueden ser más accesibles o conocidos para el lector, como por ejemplo el adulterio, egoístas deseos o la amarga complicidad del cobarde que no hace lo que debe de hacer.

Juega mucho con los deseos y aspiraciones más bajos o menos éticos de las personas, poniendo a los personajes en situaciones en las que el lector culpablemente ya se ha imaginado, y manejando las emociones y sensaciones que surgen de esa incómoda complicidad para agarrar al lector y hacerle ver que, pese a la brutalidad de los hechos que se narran en Balas Perdidas, no hay mucha diferencia entre él y los personajes, sólo la suerte que haya tenido en la vida y las decisiones que voluntaria o involuntariamente ha tomado o se havisto obligado a tomar. Esto hace que la implicación emocional con la historia alcance niveles que ya no se pueden superar, contribuyendo a crear una necesidad por continuar leyendo y un férreo poso de reflexiones cuando uno consigue dejar de leer.

En algún momento, puede parecer que ciertas historias no aportan demasiado a la trama, pero nunca es así, siempre forman parte del gran conglomerado, ofreciendo, como mínimo, detalles sobre ciertos elementos y añadiendo más capas a esa ambientación ya sublime de la serie. Esto que comento de que ciertas historias parecen un poco fuera de lugar en primera instancia, sucede especialmente con aquellos capítulos de Amy Racecar, que son, ni más ni menos, que los cómics que se imagina Virginia Applejack sobre sí misma. La sensación que dan son pues de eso, historias rocambolescas, en contextos que nada tienen que ver con Balas Perdidas y embebidos en géneros lejanos, como por ejemplo, la ciencia ficción o las historias de samuráis. A mí, de hecho, la primera vez que me tropecé con uno de estos capítulos, sentí que se me cortó un poco el rollo, al cambiar tan radicalmente de registro y de tono, de hecho, no entendía quién era esa Amy Racecar. Pero al final, incluso estos relatos son importantes, en este caso para Virginia, ya que ante una lectura atenta, se revela que las historias que ella imagina, tienen mucho que ver con lo que le está pasando en la serie de Balas Perdidas, y muchas veces serán incluso retazos de un futuro. Funcionan más o menos como una vía de escape para todo eso que vive, y que ninguna niña debería vivir, y como tal, me parece un ejercicio muy acertado por David Lapham, ya que le agrega una dimensión distinta al conjunto, es casi como una terapia psicológica para su personaje.

Y hablando de personajes, todavía no me había centrado en ellos, lo cual es un error por mi parte. El elenco, como decía más arriba es muy amplio y constantemente se va expandiendo. Poco a poco vamos averiguando quiénes serán los personajes más recurrentes y cuáles los menos. Virginia Applejack y Beth son, para mí, las principales protagonistas, pero eso no quita que el resto de personajes no tengan un peso tremendo en la historia, ya que muchas veces, los personajes más conocidos no aparecen durante muchos números. Así tenemos también a Orson, Nina Sherman, el detective Roger, Monster, Spanish Scott, Rose, Joey… y multitud de personajes más, que puede que aparezcan incluso en un único número, pero si lo protagonizan, quedarán irremediablemente grabados a fuego en nuestra memoria, tal es la fuerza de la narración de Balas Perdidas.

No sólo los personajes ofrecen una tridimensionalidad y una humanidad lejos de los estándares, sino que el sutil desarrollo que van teniendo sus personalidades, al final hace que los conozcamos perfectamente e incluso comprendamos o intuyamos qué van a hacer y por qué. Pero en ningún momento David Lapham intenta hacerlos intachables, muchas veces nos fallarán y harán cosas que nos decepcionen, y todo ello sólo demostrará que son plenamente humanos, no simples piezas para el juego que el guionista tiene preparado. Incluso los antagonistas de las historias tienen matices y comportamientos que no esperaríamos en los villanos de una serie, lo que enriquece la calidad del reparto tan coral que tiene la serie, puesto que incluso los «malos» serán protagonistas de varias historias.

Por supuesto, una unión tan profunda entre el lector y los personajes, tendrá consecuencias a nivel emocional en ciertos puntos de la historia, emocionándonos, ilusionándonos, alegrándonos, deprimiéndonos o impactándonos según los deseos del autor.

Para mí, la experiencia de lectura de Balas Perdidas ha sido totalmente adictiva. Ya en el primer número veía que pintaba maneras, pero es conforme que la serie va avanzando y que el lector se acostumbra a la estructura y a los personajes, que el nivel va subiendo exponencialmente, también al mismo tiempo que David Lapham va madurando como creador. Pero es que no sólo proporciona adicción, buenos argumentos o cuestiones que invitan a la reflexión, sino que además, también involucra todo tipo de emociones y sensaciones, que muchas veces se resuelven con un puñetazo en el estómago del lector. Es que es un cómic que me ha enganchado tanto que podría habérmelo leído de una sentada, pero que, si no lo he hecho, es porque me gustaba más paladearlo y saborearlo en varias dosis. Antes de que pudiera darme cuenta, con la fuerza de un disparo, Balas Perdidas se había convertido en uno de mis cómics favoritos.

Podría seguir hablando largo y tendido de Balas Perdidas, pero creo que es mejor dejar a los interesados experimentar la potencia de este cómic por ellos mismos. A mí personalmente me ha enamorado y pienso seguir con las nuevas series de Balas Perdidas que está sacando David Lapham, porque he encontrado en esta serie un cómic noir desde una perspectiva trágica bastante distinto a todo lo que había leído anteriormente, pero que no tiene nada que envidiarle a las obras de Brubaker o Rucka, por poner algunos ejemplos. Mientras que el noir de esos autores parece que transcurre apartado de la cotidianeidad, en contextos que beben mucho de las reglas del género y son lugares conocidos para el lector, pero lejanos a él, la propuesta de Lapham nos muestra algo que da la sensación que puede estar teniendo lugar en la calle de al lado, además no sólo agrupa su atención en el propio género, sino que también deja espacio para los espacios de «calma» de los personajes, dándonos dosis de un drama más costumbrista pero de una forma muy poco convencional. De hecho, y a riesgo de crearme alguna enemistad, yo diría que Balas Perdidas está por encima de los trabajos de los dos autores anteriormente citados.

Así que sí, Balas Perdidas me parece un cómic totalmente recomendable, sobre todo para los lectores de cómic americano de autor o «independiente» que quieran algo nuevo pero rematadamente bueno. Si además, eres un amante del género criminal, pues me parece casi obligatorio darle una oportunidad a la serie, porque puede que no sea para todos los gustos, pero todo el que entre, no podrá salir.

Apartado Gráfico

Balas Perdidas es una obra integral de David Lapham, lo que significa que el apartado gráfico también corre a su cargo, y lo cierto es que lo agradezco enormemente, porque este es uno de esos casos en los que el arte va tan en la onda de la historia, y se acompañan tanto en espíritu, que imaginar Balas Perdidas dibujada por otro artista se me antoja imposible.

El dibujo es puro blanco y negro, con el clásico tinta sobre lápiz, por lo que el control de la influencia de los volúmenes, la luz y la sombra, ha de ser significativo, también para añadirle atmósfera y dramatismo, y en ese sentido, David Lapham sabe estar a la altura; no es el mejor dibujante, ni el mejor narrador gráfico, pero se desenvuelve muy bien, con un estilo que trata de mantenerse más esquemático pero que, conforme avanza la serie, va adquiriendo más y más personalidad. Puede parecer un poco caricaturizado o desdibujado en algunos puntos (al principio le da más importancia al detalle y a un realismo más clásico dentro de ser su estilo), pero forma parte de la marcada personalidad del mismo. No sé, a mí me parece un dibujo muy especial y con mucha potencia, sencillamente me encanta la personalidad de sus acabados.

Ediciones

Para hablar de las ediciones de Balas Perdidas, empezaré por las ediciones actualmente disponibles en Estados Unidos antes de pasar a todas las ediciones que ha habido en España. Así pues, en el mercado americano, ahora esta serie es publicada por Image Comics, que tiene dos opciones distintas para el que quiera hacerse con estos 41 números que componen el volumen original. La primera opción son los cinco primeros tomos TPB, que serían desde Stray Bullets Volume 1: Innocence of Nihilism hasta Stray Bullets Volume 5: Hi-Jinks and Derring-Do, todos publicados en tapa blanda y tamaño estándar, incluyendo cada tomo entre 7 y 11 números de la serie (que suelen tener bastante más extensión que un número de cómic estándar) a un precio de portada de 19,99$. Es el mismo formato en el que están sacando las continuaciones de la serie (Killers y Sunshine & Roses). La otra opción disponible en E.E.U.U. actualmente es el tomo Stray Bullets: Über Alles Edition, un gigantesco volumen TPB a tamaño estándar, que recopila los 41 números de la serie regular en un solo tomo a un precio de 59,99$, o lo que es lo mismo, los 5 tomos de los que hablaba antes, unidos en uno solo. Más adelante hablaré en profundidad de ésta edición.

Pasando ahora a España, me gustaría hacer un breve repaso de las ediciones que ha tenido la obra, puesto que creo que la editorial que se lanzó a publicar esto en España merece un gran reconocimiento. La editorial en cuestión no es otra que Ediciones La Cúpula, que comenzó la publicación de Stray Bullets, aquí conocida como Balas Perdidas en un formato casi impensable a día de hoy… ¡la grapa! De esta forma, entre 1998 y 2004 sacaron los 22 primeros números de la serie original en 22 grapas, por lo que la serie quedó incompleta. A finales de 2005, volvieron a editar la serie desde el principio, en tomos, siguiendo la distribución de los tomos americanos que ha sobrevivido hasta ahora, es decir, deberían haber sido 5 tomos, pero se quedaron en 4 (cuando se publicó esta edición, todavía quedaban muchos años hasta que saliera en Estados Unidos el Stray Bullets #41 que cerraría el quinto tomo).

Tras estas ediciones, podemos pasar a la actualmente disponible, y que vuelve a ser igual que la edición en cinco tomos de Image Comics, pero para la que La Cúpula no continuó con su diseño de los anteriores tomos, sino que hizo un rediseño muy acertado siguiendo el estilo de la edición actual americana. Esta edición no sólo recopila los 5 primeros tomos que componen los 41 números de la serie original, sino que también continúan con los siguientes volúmenes de Stray Bullets, habiéndose publicado ya el sexto tomo con la miniserie Killers, y estando contratados ya los dos primeros tomos de Sunshine & Roses. El formato en sí de estos tomos destila el cuidado que siempre presentan las ediciones de La Cúpula; tamaño comic-book estándar con encuadernación en rústica con sobrecubiertas y una calidad de materiales muy alta. Si sólo se quiere la serie original, hay que recurrir a los 5 primeros tomos, que tienen un precio unitario de 19,90€, que me parece muy justo teniendo en cuenta los materiales empleados y que se trata de libros de más de 250 páginas, cercanas a las 300 páginas. Aunque no creo que nadie pueda pararse en el quinto tomo y no comprar los siguientes. El sexto tomo tiene un precio de 20,50€.

La verdad es que hay que estar agradecidos de que podamos disfrutar en castellano de una serie tan especial como Balas Perdidas, y Ediciones La Cúpula lleva trayéndonos esta serie desde 1998 cuando todavía era un cómic autopublicado por El Capitán. Tenemos mucha suerte de tener en España una editorial como La Cúpula.

Y tras todo esto, he de confesar que lamentablemente, yo no compré la edición de La Cúpula, sino que tengo el Stray Bullets: Über Alles Edition. El motivo es sencillo; no sabía si la serie me iba a gustar o no, y salió una oferta increíble que hacía que este integral valiera menos que dos tomos sueltos, y no me lo pensé; era la oportunidad ideal, además que siempre compro y leo las obras de americano independiente en inglés. En cuanto a la edición en sí, tiene sus pros y sus contras; tener la serie original completa en un único volumen es una gozada, no tienes que estar comprando los tomos poco a poco y la experiencia de lectura es como de un todo. Pero que nadie se piense que esto es un integral súper lujoso, todo lo contrario, esto es una edición puramente para leer, no incluye ningún tipo de extra, sólamente un índice inicial con el título de cada capítulo y separados por secciones según la distribución en cinco tomos (detalle que me ha gustado mucho) y luego ya empieza el cómic en sí, con una página de separación delante de cada capítulo con el número, el título y un fragmento de la portada original. Al final del tomo hay unas breves biografías de David y Maria Lapham.

Lo primero que tengo que decir es que el tomo es muy sólido pese a sus muy considerables dimensiones, pero ha de leerse o tumbado o apoyado en una mesa, porque el peso hace muy incómoda la lectura en otras posiciones distintas. Si se lee como comento, la lectura no resulta incómoda, aunque está claro que leer los tomos sueltos siempre va a ser mucho más sencillo. Comentaba lo de la solidez porque he estado bastante tiempo leyéndolo, y lo abría todo lo que necesitaba para ver perfectamente las páginas (otro punto a su favor, no se pierde información en la parte central como pasa en otras ediciones), y tras terminar la lectura, el lomo no tiene arrugas ni dobleces. Un aspecto que no me ha gustado de esta edición ha sido que no se incluyan las portadas completas, sino un fragmento de ellas, porque se pierde información a lo tonto y se podrían haber incluído perfectamente entre capítulo y capítulo. Pero tampoco es una tragedia. En definitiva, este Stray Bullets: Über Alles Edition es una edición muy solvente, para lectores que, como yo, piensen que lo fundamental es leer una obra y no la cantidad de extras ni lujos del formato, la ideal de hecho, si lo que se quiere es la mejor relación precio/página, pero si lo que se busca es la mayor comodidad posible, o que todos los tomos tengan el mismo formato, hay que ir a por los tomos sueltos.

¡Tu opinión importa! Hazme saber qué te ha parecido a ti este cómic un poco más abajo, en la sección de comentarios, o déjame cualquier duda que te surja y estaré encantado de intentar ayudarte. Por supuesto, puedes hacerte seguidor de la página o seguirme en twitter en @PnoiaSecuencial ¡Es gratis! ¡GRATIS!

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