RESEÑA Outcast (Paria), de Robert Kirkman y Paul Azaceta

«¡¿Por qué no me dejáis en paz?!»

Outcast (Paria) es una serie de 48 números (Outcast #1-48) guionizada por Robert Kirkman y dibujada por Paul Azaceta. Se publicó originalmente por la editorial Image Comics dentro del sello de Robert Kirkman, Skybound, entre junio de 2014 y abril de 2021.

La vida de Kyle Barnes siempre ha estado ligada con la oscuridad y la violencia. Pero cuando el reverendo Anderson recurre a él para que le ayude en un exorcismo por sus experiencias pasadas, Kyle comenzará a descubrir que quizá haya una explicación para todas las desgracias que le han ocurrido. Lo que no sabe es que lo que tiene entre manos es mucho más grande de lo que pudiera parecer y puede poner en riesgo la existencia tal y como la conocemos.

Es el momento de abrazar esta faceta que le une con la oscuridad para intentar arreglar las cosas y recuperar una vida tranquila y sin miedos. El problema es que su especial condición, que le convierte en un imán para que la gente a su alrededor sea poseída y al mismo tiempo le permite exorcizar a los endemoniados, hará que las fuerzas del mal le observen muy de cerca y comiencen a organizarse en su propia ciudad, demostrando que tienen el control desde hace mucho tiempo, y que Kyle no podrá superar esta prueba solo.

El nombre de Robert Kirkman lleva resonando con fuerza en el panorama comiquero (e incluso televisivo) desde hace mucho tiempo, principalmente desde su éxito sin precedentes con el cómic y la serie de televisión de The Walking Dead (Los Muertos Vivientes). Pensar que esa ha sido su única aportación al medio sería un grave error, ya que la producción del guionista de Richmond ha sido bastante dilatada y no exenta de otros éxitos, como Invencible (adaptada ahora a serie de animación) o Marvel Zombies.

Pero no sólo destaca en volumen de producción o recepción, sino que la calidad parece ser una constante en su trabajo, especialmente en Image Comics y en la última década. Por ello, cualquier nueva serie suya recibe gran atención y merece la pena considerar el darle una oportunidad. Es evidente que con estas premisas, un cómic de este guionista tratando un tema tan morboso como los exorcismos se presenta como una golosina para muchos lectores, yo incluído.

Outcast es una serie que comenzó a publicarse en 2014, y que además también fue adaptada a serie de televisión (visto el exitazo de The Walking Dead, no es de extrañar que los productores estuvieran ansiosos por otra historia de Kirkman), por lo que su presencia mediática ha sido constante, aunque más fuerte en sus comienzos. Sin embargo, yo preferí esperar a que el cómic estuviera completo para poder leerlo del tirón, porque si algo tienen en común los trabajos de Kirkman a los que me he acercado, es que enganchan con fuerza, se leen exageradamente rápido y piden ser consumidos del tirón.

Así que ahí estaba yo, dispuesto a disfrutar de un cómic de terror y exorcismos, y el principio ya me embaucó. Un pueblecito de Virginia, un hombre que se ha autoimpuesto un firme aislamiento con respecto a los demás, un pasado violento y marcado por posesiones, un afable reverendo decidido a acabar con todos los demonios por medio de los exorcismos, un personaje que bien podría ser el mismo Lucifer… Outcast tenía las fichas para ser una serie de esas que recomiendas fácil por su ritmo, trama y gancho. Los números caían uno tras otro, se leían con avidez y ganas de ver qué iba a pasar a continuación, y sin darme cuenta, ya había leído la mitad de la serie en un suspiro.

Pese a no dar verdaderamente miedo, Outcast tiene la capacidad de dejarte claro en todo momento, la magnitud del peligro al que se enfrentan los personajes y la maldad que habita en los enemigos que han de enfrentar. No te va a hacer que no duermas, pero sí que cuando aparezcan ciertos individuos en sus páginas o que veas las sonrisas y los ojos de otros, un escalofrío te recorra la espalda. Esto es algo que confiere fuerza a la historia, una temática como esta, sin inspirar mal rollo, no tiene efectividad alguna, y en Outcast al final se crea un juego con una reglas muy bien definidas que hace que cada punto de la trama tenga su dimensión y su capacidad de generar emoción.

Otro punto de gran interés se concentra alrededor de la propia naturaleza de los exorcismos, comenzando la serie tratando las posesiones de una forma más clásica, con los elementos religiosos y los recursos propios del género, para poco a poco dar unas posibles explicaciones distintas a todos estos fenómenos. Así, algo que parecía totalmente claro que era una cosa anclada en el cristianismo, empieza a generar dilemas y dudas acerca de su naturaleza, jugando bastante bien las cartas en la primera mitad de la serie y planteando una interesante dicotomía entre fe y obsesión por parte de ciertos personajes, principalmente el reverendo Anderson.

El problema (para mí), viene a partir del ecuador. Y quiero dejar muy claro que esto es una apreciación personal, y ahora me explicaré. Cuando entro en una historia que toque un tema como los exorcismos, a mí me gusta que, pese a que se busque la experimentación, ciertos elementos se mantengan serios y en un entorno más intimista. La idea inicial de Kyle y el reverendo Anderson yendo a ciertos hogares y practicando exorcismos me parecía perfecta en sí misma, incluso cuando la cosa empieza a derivar de lo conocido hacia un terreno nuevo. Creo que es el nivel de cercanía perfecto para este horror ligado al mal.

Pero entonces, la escala del conflicto estalla, y se hace mucho más grande de lo que uno pudiera advertir en un principio. Además, la capacidad y el nexo de unión de Kyle con estas fuerzas del mal, se comienzan a tratar de una forma menos mística o apegada al género del terror, para pasar a ser casi una especie de «superpoder» o arte marcial bizarra. Ahora, las posesiones suceden de una forma mucho más extendida, y se vuelve algo incontrolable, y pasan a ser una especie de invasión convirtiendo Outcast en una especie de The Walking Dead descafeinado de tercera, sin ni siquiera sentir un peligro patente o explotar pertinentemente las relaciones entre personajes.

Además, en el desarrollo parece que empiezan a verse ciertas costuras y atajos, y el ritmo, especialmente a partir del número #30 o así, empieza a arrastrarse y perder la velocidad y el gancho que venía demostrando la serie anteriormente. Las decisiones que se toman a partir de este momento parecen un poco precipitadas e incluso oportunamente convenientes para poder cerrar la serie como Kirkman quiere hacerlo, pero por el camino se pierde un poco de coherencia y de ese espíritu que me había conquistado en un principio, con cosas que para mí no terminan de tener sentido y enemigos que van siendo cada vez más estereotipados y superficiales.

Precisamente, en cuanto al trabajo dedicado a los personajes, aquí la cosa también flaquea, puesto que los únicos que tienen un tratamiento y profundización considerables son Kyle y el revenrendo Anderson, quedando el resto sin apenas desarrollo.

En defensa de esta segunda mitad de Outcast tengo que decir que el interés generado previamente es suficiente para impulsar la serie hasta el final, queremos respuestas y es la única forma de conseguirlas, y el cómic por lo menos sigue siendo bastante entretenido y se lee con fluidez aunque se note una considerable carga que baja la calidad y el cariño por la serie. Me he leído la serie entera en apenas dos días, aunque la culpa ha sido del potente comienzo y la inercia heredada.

Quizá todo esto sólo haya sido mi experiencia personal, pero al fin y al cabo aquí vengo a dar mi opinión sincera. Ojo, me alegro de haber leído esta serie, y la primera mitad me parece muy buena, con un personaje que me ha encantado como Sidney (el mejor «malo» de la serie, de lejos), y con algunos momentazos brutales, pero la segunda mitad lastra la apreciación global y me hace sentir que lo de antes era un poco un engaño con unas reglas que me gustaban, para intentar convencerme de la segunda parte. Así, si mi valoración del conjunto podría haber sido un notable o un notable alto, Outcast termina siendo una serie que está bien, es recomendable, pero que rompe su racha ascendente para ir perdiendo paulatinamente mi interés. Un Kirkman mediocre, que sabemos que es capaz de mucho más, especialmente cuando no estira las cosas.

Aún con todo, la recomendaría a los amantes de las historias de exorcismos, porque la primera mitad juega muy bien con las reglas de este subgénero y porque la segunda parte puede darte una visión un tanto fresca y distinta del mismo, que puede no convencerte como ha pasado en mi caso, o que puede gustarte y darte algo nuevo. Como serie en general de terror, recomendaría otras antes, quizá de continuo Outcast proporciona más rollo que Gideon Falls, pero la calidad de ésta me parece superior, por lo que puede que la serie de Lemire fuera la que recomendase si se busca algo de terror dentro de Image Comics.

Apartado Gráfico

Aunque el guión de Outcast flojee, el apartado gráfico es espléndido durante toda la serie. El dibujo de Paul Azaceta me ha enamorado desde la primera página, con un estilo bonito y realista pero con personalidad y un uso del entintado sublime. Lo mejor es que es capaz de generar desagrado, malrollo e intranquilidad con sus planos y elecciones gráficas, y es un elemento indispensable para que la serie funcione en ese sentido. Tiene también la habilidad de dibujar rostros muy diferenciables y humanos y de llevar la narración gráfica de forma fluida y gráfica, excepto en algún momento aislado como en las escenas de acción en las que hay muchos personajes implicados, que tiende a ser un pelín más complicado de entender, pero en general, Azaceta me ha parecido un artista excepcional.

No hay que olvidar el color de Elizabeth Breitweiser, sin el que la serie no sería la misma. Le da un carácter único y una atmósfera que acompaña las situaciones en todo momento. Elizabeth demuestra ser una de las mejores coloristas del cómic americano en cada página dándonos un trabajo sólido, eficaz y no carente de belleza estética.

Ediciones

En el mercado americano, obviando las consabidas grapas originales, la serie fue publicándose en tomos TPB de 6 números (un total de 8 tomos). Personalmente, tengo el primero, y es como acostumbran los TPBs (rústica) de Image Comics; resistentes y cómodos de leer, aunque con el fallo de que en este caso no se incluyen las portadas originales (y extras aún menos, pero eso ya no tiene importancia). El siguiente formato es en Deluxe Hardcover, es decir, en cartoné y a tamaño superior al estándar, incluyendo 12 números por cada tomo (un total de 4 tomos) y con diversos extras). Por último, recientemente han editado la serie completa en un único tomo recopilatorio en formato TPB llamado Outcast Compendium. Este tipo de tomos suelen asustar por su cantidad exagerada de páginas, pero yo personalmente tengo otro Compendium de Image Comics como es el Stray Bullet Uber Alles Edition y estoy encantado con él.

En España, por otra parte, la serie comenzó a ser publicada por Planeta Cómic en tomos en rústica, de 6 números cada uno, es decir, siguiendo la distibución de los TPBs americanos. El precio de cada tomo era de 15,95€. Durante la publicación de la serie, y cuando ya sólo faltaba el octavo y último tomo para completar la serie, Planeta perdió los derechos de Skybound, que habían sido comprados por ECC Ediciones, que se encargó de completar la colección con el último tomo en rústica, pero esta ve a un precio de 17,50€.

Actualmente ECC está editando la serie en tomos en cartoné de 12 números cada uno (como la edición Deluxe americana). El primer tomo tiene un precio de 32€, el segundo y el tercero 29€ y el cuarto y último todavía está pendiente de ser anunciado.

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