RESEÑA Los que quedan, de Josep Busquet y Alex Xöul

«Un sueño hecho realidad para él… y una auténtica pesadilla para sus padres.»

Los que quedan (Ceux qui restent) es un cómic europeo publicado por Éditions Delcourt en marzo de 2018 y cuyos autores y creadores son Josep Busquet (guión) y Alex Xöul (dibujo y color).

La noche en la que el Wumple llegó a la habitación del pequeño Ben para que éste le acompañara en una aventura en la que salvarían su reino mágico, fue, seguramente el principio de algún cuento fantástico y de emociones increíbles para el niño. En cambio, para sus padres, fue el comienzo del sufrimiento, por la desaparición de su hijo, la investigación policial consecuente y el continuo enjuciamiento por parte de amigos, conocidos y medios de comunicación, demostrando que, si una historia es emocionante o dramática, depende del lado del que se viva… ¿aparecerá Ben?

Estoy seguro de que a todo el mundo se le vienen a la cabeza un montón de ejemplos de cuentos o películas en las que un niño o una niña pequeños son visitados por un ser mágico y se marchan con éste a algún país, mundo o realidad fantástica en la que viven infinidad de aventuras increíbles. En todas esas historias siempre nos quedamos del lado de sus protagonistas, que consiguen su propósito mientras que conocen a un montón de amigos. Pero lo que nunca vemos es qué pasa con los padres, y sólo hay que ponerse en sus pieles, con su hijo desaparecido y sin saber absolutamente nada de él, para comprender que, quizá haya otra historia que contar…

Esta es la historia que nos cuentan Busquet y Xöul en Los que quedan; lo que pasa en el mundo real una vez que desaparece tu hijo, y, en contraste con lo que pueda estar viviendo el pequeño, lo que afrontan los padres es una realidad mucho más dura y gris. No es un cuento de hadas, es una investigación policial, son los interrogatorios, las dudas, las preguntas incómodas, son los medios de comunicación haciéndose eco de la noticia, o usándola como carroña sensacionalista, son tus vecinos apoyándote o mirándote recelosamente. Es la tristeza de un cuarto de juegos vacío.

Así, lo que ha empezado como una fábula, se transforma en la historia de una desaparición, sin un ápice de fantasía y consiguiendo ser una propuesta doblemente original: no es un cuento protagonizado por un niño en un país fantástico, es lo que pasa en el mundo de los adultos, es lo que pasa con los padres. Y por otro lado, no es una historia de desapariciones más, ya que el niño está en un reino mágico y no hay pistas o posibilidad de ser encontrado hasta que él mismo no vuelva, si es que lo hace…

Estas premisas se conjugan para dar una historia en la que el lector no sabe en ningún qué se va a encontrar ni qué va a pasar, sólo puede ver elementos comunes a otras historias que le harán dudar de todo, incluso si Ben está o no en un mundo de fantasía o esta es otra truculenta trama criminal. Y con esto también juega Busquet, que además, para evitar la monotonía de un desarrollo lineal, añade giros de guión y golpes de efecto, que, sin necesidad de ser nada rocambolesco, simplemente desarrollos muy posibles, hacen que el interés por la obra no decaiga en ningún momento.

Me gusta mucho cómo el tebeo se nutre de algunos elementos propios de los cuentos, empezando por el narrador omnisciente que le da a todo el cómic un aire de historia de antes de dormir. Pero también esos recursos tan empleados pero tan funcionales como la ruptura entre infancia y adolescencia o entre imaginación y realidad, los ventanas abiertas de par en par con las cortinas ondeando, o la esperanza como combustible ante la desgracia…

Las piezas están ahí, y es el lector el que tiene que tomar partido y decidir cómo tomarse la historia, si como un cuento o una novela, o quizá la respuesta no sea tan sencilla. La ambientación también juega un papel importante, con una mezcla leve pero sugerente de un contexto que recuerda al Londres de Peter Pan, con el París más neoclásico y ciertas construcciones más oníricas, así como la convivencia de moda y objetos actuales, con tecnología y elementos del siglo XX en toda su extensión.

El ritmo de Los que quedan es firme, pausado. Para mí, no se trata de una obra incontrolablemente adictiva, como había leído por ahí, sino de una historia de las que atrapan sin que uno se de cuenta, suavemente y sin urgencia. El desarrollo del guión, y el peso de cada momento están equilibrados para que no se note ningún altibajo en cuanto al interés. También tienen importancia ciertos aspectos emocionales, principalmente encarnados en la terrible batalla que tienen que librar los padres de Ben, todo ello con un acercamiento intimista que hace sentirlo todo más cerca de nosotros y que le da una cierta delicadeza a la obra más cercana a las fábulas que a las novelas.

No sé si puede parecer que he contado mucho de la historia, pero lo cierto es que apenas habré hablado de una quinta parte de la misma, y el que se acerque a ella podrá comprobar cómo sus más de 120 páginas de extensión dan para varias sorpresas.

Además, también me gustaría destacar, más allá de la originalidad de la historia, la valentía a la hora de desarrollarla y concluirla, llevándola siempre por donde los autores han sentido que debería discurrir y alejándose de lo fácil o lo que mejor recibimiento pudiera tener. De hecho, el final me parece toda una declaración de intenciones, y me ha gustado, aunque precisamente ahí le veo el único mínimo fallo que, para mí, tiene la obra, y es cómo, con lo potente que es su conclusión, la llevan a cabo de una manera un poco más difusa en vez de dar un golpe en la mesa con todas sus fuerzas para terminar la obra dejando huella.

He disfrutado mucho de la lectura de Los que quedan; es un cómic sólido, con la capacidad continua de sorprender mientras mezclamos la fantasía de nuestra niñez con la gris realidad del mundo «de los mayores». Una propuesta original que gustará a cualquier lector de cómic europeo con ganas de salirse de los temas e historias más recurrentes y que busquen un descanso con un tebeo que, no pretende ser una maestra, pero sí una lectura a reinvindicar que se asimila con gran suavidad. Los que sean padres le encontrarán todavía más fuerza a la historia, y es especialmente recomendable para ellos por esto mismo, aunque aconsejo prescindir de este cómic si están apartados de sus hijos o en una mala situación con ellos, ya que probablemente los sucesos que aquí tienen lugar empeoren su estado de ánimo.

Apartado Gráfico

Del dibujo y del color de Los que quedan, se encarga Alex Xöul, haciendo un trabajo delicioso. Tiene un estilo que me ha gustado mucho, respetando siempre proporciones y perspectivas, pero sin cohibirse a la hora de mostrar su carácter. El resultado es un dibujo muy amable y bonito, que en los rostros (único punto en el que no sigue unos cánones) recuerda a ciertas películas de Pixar por el tamaño y disposición de elementos, dando lugar a un conjunto sorprendentemente armonioso y en conjunción con la temática «de cuento» de la obra, pero dándole el realismo del mundo de los adultos al mismo tiempo.

La narración gráfica está muy bien llevada, siendo totalmente clara en todo momento y consiguiendo diferenciar a la perfección a todos los personajes, al igual que la expresividad también está bien trabajada. Los enfoques y presentación de viñetas suelen ser bastante clásicos y pausados, pero siempre logrando el efecto preciso requerido por el guión y dándole cierto dinamismo en viñetas puntuales por medio de la distorsión de la perspectiva. El manejo del color también me ha gustado mucho, empleando una paleta apagada y que se beneficia mucho del uso de la luz, consiguiendo siempre un atmósfera acorde con la situación.

Ediciones

Esta peculiar obra llegó a España de la mano de Ponent Mon, en una edición sencilla pero cuidada, como acostumbran, incluyendo únicamente el cómic en sí, sin ningún tipo de extras, con un tamaño álbum (29,2 x 22,2 cm) y encuadernado en cartoné.

El tomo es muy sólido, se abre con facilidad y ofrece una lectura muy cómoda. Los materiales empleados denotan calidad. El precio del volumen es de 26€, lo que, teniendo en cuenta las 128 páginas de extensión de la historia, me parece un precio muy ajustado, tratándose de cómic europeo (es el equivalente a casi 3 álbumes estándar de 48 páginas) y en una buena edición.

Este cómic fue proporcionado por la propia editorial a modo de copia de prensa. Esto no influye en la opinión aquí mostrada, ya que me comprometo siempre a exponer lo que pienso de manera totalmente sincera, jamás recomendaría algo que yo mismo no me compraría. Si quieres saber más, te invito a que accedas a la sección «Acerca de» en la cabecera de la web.

¡Tu opinión importa! Hazme saber qué te ha parecido a ti este cómic un poco más abajo, en la sección de comentarios, o déjame cualquier duda que te surja y estaré encantado de intentar ayudarte. Por supuesto, puedes hacerte seguidor de la página o seguirme en twitter en @PnoiaSecuencial ¡Es gratis! ¡GRATIS!

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7 comentarios sobre “RESEÑA Los que quedan, de Josep Busquet y Alex Xöul

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  1. Muy buena reseña

    Llevo detrás de esta obra desde que salió. La premisa me parece super interesante. Si lo he dejado pasar hasta el momento es por la enorme oferta de mercado, que obliga a dejar cosas que comprarías pero para las que no llega el presupuesto.

    Algún mes flojete en compras caerá.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias Miguelito. Lo cierto es que es un cómic muy original e interesante, y se lee con soltura. Yo diría que es de esos tebeos que objetivamente son buenos por lo bien llevado que está en todos los aspectos. Como digo en la reseña, a mí no me ha enganchado tanto como a otros lectores, pero sí que me ha mantenido fiel hasta el final, deseoso de ver cómo desarrollaba una trama tan única.

      Si al final cae, ya contarás qué tal, espero que lo disfrutes mucho 🙂

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