RESEÑA Satélite Sam, de Matt Fraction y Howard Chaykin

«Toda esta mierda, pequeña. Algún día, todo esto desaparecerá.

Algún día, todo el mundo estará solo.

Incluso tú.

Pero yo no.»

Satélite Sam es una serie de 15 números (Satellite Sam #1-15) publicada por Image Comics entre julio de 2013 y julio de 2015. Sus creadores son Matt Fraction (guionista) y Howard Chaykin (artista).

Estamos en Nueva York, en una década recién estrenada; la de los cincuenta. Concretamente es el año 1951, donde grabar y emitir por televisión es todo arte y artesanía, todavía no ha llegado el color, y son pocos los canales a elegir, pero con una rivalidad despiadada y una lucha feroz por ocupar el aire por el que propagar sus contenidos. Entre cadenas como la NBC o la CBS encontramos Le Monde Television Network.

Pero Le Monde no pasa por su mejor momento; su futuro pende de un fino hilo sostenido por un aspirante al congreso de Nueva York y el programa estrella de Le Monde; Satélite Sam, una serie de ciencia ficción con emisión en directo que arrasa entre los más pequeños. Las cosas se complican todavía más cuando un día, Carlyle White, el actor encargado de encarnar al héroe del show, el propio Satélite Sam, aparece muerto en su apartamento.

Su hijo, Michael White, veterano de guerra y con un problema de alcoholismo, se ve obligado a heredar recelosamente el papel de su difunto padre. Mike pronto descubrirá que su padre tenía un extraño fetiche de coleccionismo, y a parte de acostarse con multitud de mujeres, fotografiaba a cada mujer con la que mantenía relaciones de una forma casi artística. Esto, como elemento aislado, no tendría una importancia excesiva, pero Michael acaba descubriendo un poderoso secreto que ocultaba su padre, y que podría ser motivo suficiente para indicar que no murió por causas naturales, sino que fue asesinado por una de las mujeres de las fotografías…

La ambientación de la obra tanto a nivel de guión como de dibujo es perfecta; tiene la inestimable capacidad para trasladarnos instantáneamente a la época y al contexto instantáneamente. De un momento para otro pasaremos de la comodidad de nuestros hogares a la actividad incesante y frenética de un estudio de televisión de los cincuenta, donde todo era muy distinto. Tenemos además, un gran trabajo histórico, en el que se nos muestran muchos aspectos técnicos de cómo funcionaba la televisión, la emisión en directo y la multitud de profesionales diferenciados y muy necesarios para conseguir la magia de la imagen en movimiento.

En este aspecto, creo que el contexto histórico es una parte fundamental de Satélite Sam, ya que la trama bebe directamente del estado de la técnica y la televisión de la época, la mentalidad estadounidense del momento, las costumbres y la ideología política… una atmósfera perfecta para un noir, pero que aquí no se enfoca exactamente en la misma dirección pese a que la trama se mueve en gran parte siguiendo la investigación de una muerte.

Poco a poco comenzamos a conocer el pasado, a los personajes, sus secretos. Cada uno tiene sus problemas, y por supuesto, también sus intereses, que no dudan en intentar alcanzar actuando a espaldas del resto.

La lectura presenta cierto grado de exigencia, o al menos de atención, puesto que el elenco de personajes es muy amplio y todos son presentados de golpe, sin concesiones. Bastantes nombres y conexiones entre ellos que alimentan la trama y le dan cuerpo pero que piden quizá un poco de calma en los primeros compases para poder ir detectando todos los detalles y sumergirnos en un disfrute total de la obra.

Pero que el reparto sea grande es algo bueno en Satélite Sam, porque ningún personaje es accesorio, todos aportan algo a la trama y lo más importante; están desarrollados e incluso sufren una evolución a lo largo de la historia. Para mí esto es algo clave y que eleva esta obra, ya que con los personajes podemos ver un fiel reflejo de la sociedad americana del momento, donde cosas como la homosexualidad o los orígenes familiares y raciales podían ser y eran motivo de rechazo e incluso de cosas peores, mientras que el alcoholismo o el machismo eran cosas totalmente normales. Aquí tienen un protagonismo fundamental las apariencias, que han de mantener en todo momento, tanto delante como detrás de las cámaras, pese a toda la perversión oculta en los momentos personales. De hecho, el estatus social de cada personaje determinará poderosamente su recorrido en la historia, y muchas veces también, los obstáculos que se encuentre en ella. Lo único que podrá hacer el lector es asistir, como mero testigo, al auge o caída de cada uno. Pero más allá de la manera en que enriquecen y complementan estos personajes el contexto de la historia y la trama en sí, también ellos producen sus propias y muy interesantes líneas argumentales que construyen una ficción más sofisticada que las acostumbradas historias en las que una sola trama lineal absorbe toda la obra.

Los intereses detrás de las cámaras, cómo cada participante en la cadena, y especialmente en el show de Satélite Sam tienen sus propios objetivos e intereses que antepondrán a cualquier cosa, la sed de protagonismo, la necesidad de acercarse al árbol con mejor sombra, la inmensa importancia de mantener ocultos los secretos que pueden arruinar carreras… si el mundo es una jungla, cuando llegas a las altas esferas en la televisión, con intereses económicos y políticos de por medio… puedes esperarte lo peor del género humano.

Cabe destacar, que estando Howard Chaykin de por medio, y con Fraction siendo admirador de Chaykin y dado a emplear algo parecido al «método Marvel» en algunas de sus obras, Satélite Sam tiene muchísimo de Chaykin, aunque comedido y muy efectivo. El erotismo ha de ser una pieza fundamental en la historia; los lectores que no gusten de obras con contenido sexual, que se alejen de esta, puesto que la lujuria es una pasión que mueve, o mejor dicho, domina, a muchos de los personajes (al igual que mueve a las personas en el mundo real) y los autores no quieren evitar mostrárnoslo, más bien todo lo contrario y además dentro de una época con un tratamiento de la sexualidad muy distinto al actual. También tendremos otros ticks típicos de Chaykin; el hombre conquistador y fuerte, mujeres no menos fuertes, referencias a la guerra, pullas políticas, alcoholismo, vicio… pero como digo, todo ello muy bien llevado, contenido y nunca dinamitando la historia principal, cosa que seguramente tengamos que achacar a Fraction.

Además de toda la ambientación histórica y el estudio de cómo funcionaba la televisión en los cincuenta, a lo largo de la obra, iremos encontrando multitud de referencias directas y veladas e incluso menciones de personajes, empresas e hitos fundamentales en el desarrollo televisivo, al igual que prácticas y situaciones que se dieron (y se dan) para mantener la imagen idealizada que el público quiere ver… ¡el espectáculo debe continuar!

La lectura de Satélite Sam ha sido totalmente inmersiva, tardé muy poco en verme completamente atrapado en una época que no era la mía pero en donde todo tenía un romanticismo insospechado; conocía a los personajes, podía sentir lo que ellos y sus destinos realmente me importaban, muchas veces acababan rotos, y sufría sinceramente por ellos. Satélite Sam ha sido todo un viaje que no me importaría volver a hacer, una serie sin complejos ni intenciones de mostrar una cara amable de un mundo que no la tenía, sólo maquillaje y magia en el celuloide. Definitivamente, es una lectura muy recomendable para todos los amantes del cómic de autor americano, que busquen una obra con calidad indiscutible pero que haya pasado más desapercibida. Evidentemente, el contexto histórico deberá interesarle al lector, puesto que es un personaje más en esta serie. Si esto es lo que son capaces de hacer los talentos combinados de Matt Fraction y Howard Chaykin… yo quiero más.

Apartado Gráfico

Decir a estas alturas que Howard Chaykin es un artista con mayúsculas sería hablar de lo evidente, pero hay que decirlo. Su estilo, sus guiones, su irreverencia e inventiva han influido como pocos en el mundo del cómic, con obras clave como American Flagg!. Y ahora, décadas más tarde, sigue siendo un dibujante muy bueno, cosa que pocos pueden decir con el paso del tiempo.

Más allá de sus acertadas composiciones de página o su clara narrativa gráfica, su estilo, aunque clásico, cuyos héroes tienen una mandíbula fuerte y cuyas mujeres son despampanantes, es tremendamente efectivo para esta historia; Fraction es un fan declarado de Chaykin, y con sus guiones le ha proporcionado básicamente una trama y una ambientación idílica para sus capacidades artísticas. La ciudad, los coches, las cámaras, la ropa… todo encaja, pero lo que más he disfrutado han sido las texturas y profundidades de sus dibujos. Por supuesto, cuando nos enfocamos en su capacidad de dibujar lencería o escenas de contenido erótico, se nota que es lo que disfruta dibujando. Por ponerle algún fallo, diría que en algunas viñetas descuida un poco las manos, pero vamos, que para Satélite Sam, no podría haber un mejor dibujante.

Respecto al tema del color, Satélite Sam es una obra en blanco y negro, lo cual es totalmente acertado, ya que el color todavía no había llegado a la televisión, aunque el lector se sorprenderá en alguna ocasión muy puntual cuando vea aparecer color en la obra, por motivos totalmente justificados y que pulen todavía más el cómic, añadiendo un toque casi poético.

El colorista de las portadas, y supongo que también de las mínimas ocasiones que aparece el color en los interiores (aunque no viene acreditado como tal) es Jesus Aburtov, que realiza un gran trabajo, aunque creo que su estilo, marcadamente digital y artificial, dando mucho volumen con colores brillantes, no le pega a Chaykin e incluso le sienta un poco mal, que parece que pide más un coloreado plano y menos saturado. Aunque por otro lado, el color tan vigoroso de Aburtov es la herramienta precisa que contribuye a esa sensación poética y de contraste que consigue el color en Satélite Sam.

Por supuesto, en esta obra, no podemos olvidarnos del rotulista, puesto que es una labor en la que se apoya mucho Howard Chaykin en todas sus obras, especialmente recordado es el caso de su American Flagg!, y precisamente el rotulista que tuvo en dicha obra (y continuo colaborador de Chaykin), Ken Bruzenak, es el encargado de dicha labor, haciendo un trabajo sin fallos, demostrando su larga experiencia en el medio.

Ediciones

En Estados Unidos, esta obra ha pasado por los tres formatos típicos de Image Comics; las 15 grapas, los 3 tomos recopilatorios en formato TPB y por último y sorpresivamente, el Deluxe HC, y digo sorpresivamente porque Satélite Sam no ha sido una serie que haya contado con un apoyo potente, de hecho, muchas series con mayor alcance, no llegan a editarse en este formato. Sea como fuere, Satélite Sam lo consiguió, y su Deluxe HC presenta las características ya sabidas en estas ediciones; encuadernación en cartoné y gran tamaño. Además, cuenta con una sobrecubierta y multitud de extras entre los que se incluye un nuevo epílogo creado especialmente para esta edición.

Sinceramente, no tenía muchas esperanzas de que esta obra, que casi se podría considerar menor (en cuanto a repercusión, no en calidad) dentro de Image Comics, llegara a España, pero me alegró mucho descubrir que estaba equivocado cuando Dolmen Editorial anunció que iba a publicar Satélite Sam.

La edición de Dolmen llegará el jueves de esta misma semana; el 1 de octubre, y recopilará la obra íntegramente en un solo tomo, que por paginación (400 páginas) parece indicar que calcará los contenidos de la edicion Deluxe americana, es decir, la serie completa, con extras y un epílogo especial hecho para esa edición. Las dimensiones del tomo serán de 29 x 21 cm y la encuadernación en cartoné, por lo que tendremos un volumen de mayor tamaño que el estándar. El precio, de 35,95€ me parece realmente justo teniendo en cuenta la cantidad y calidad de material que se está adquiriendo, así que deseemos que funcione bien y guste entre el público español, para que sigan editándose obras de cómic americano menos conocidas, pero no por ello menos merecedoras de ser leídas.

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