RESEÑA Paper Girls, de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang

«El mundo es un lugar aterrador, más de lo que pensaba.

Pero si pudiese volver a empezar, eso es lo único que cambiaría.

Dejaría de tenerle tanto miedo a la gente.»

Paper Girls es una serie de 30 números (Paper Girls #1-30) guionizada por Brian K. Vaughan, dibujada por Cliff Chiang y publicada por Image Comics entre octubre de 2015 y julio de 2019.

Erin Tieng es una chica de 12 años, que vive en el barrio de Stony Stream, Cleveland, y se dedica a ganarse un dinero repartiendo periódicos en bicicleta. Si ya es suficientemente malo de por sí tener que levantarse de madrugada, en la noche de Halloweeen es aún mucho peor, ya que mientras ella trabaja, todavía hay jóvenes de fiesta dispuestos a molestar por diversión. Afortunadamente para ella, se encuentra con , Tiffany Quilkin, KJ y MacKenzie Coyle, otras tres repartidoras del Cleveland Preserver con las que hacer el reparto más segura.

Pero lo que empezó como una madrugada normal, pronto empieza a ponerse realmente extraño; nubes y roturas del cielo rosas, dinosaurios voladores, personas en armadura, gente que desaparece… las cuatro se han visto envueltas en medio de un conflicto de enormes proporciones, y sin querer formar parte de ello, se verán obligadas a viajar en el tiempo a múltiples épocas buscando un camino de vuelta a casa.

No, esta no es la enésima historia de viajes temporales. Paper Girls es una historia sobre la llegada de la madurez, la importancia de la amistad y las enormes fronteras entre generaciones. Brian K. Vaughan, que ya reconoció que Saga se inspiraba en lo que se sentía al ser padre, en esta ocasión quería escribir sobre lo que se siente al tener 12 años mientras todavía recordase dicha sensación. Para él, esta edad determina en qué clase de persona te vas a convertir. Por ello, no es ninguna sorpresa la importancia capital que tienen las protagonistas en la historia; Erin, Tiff, KJ y Mac, cuyo desarrollo y relaciones tienen un peso mucho mayor que el increíble conflicto generacional y temporal en el que se han visto inmersas.

Quizá esas sean las piedras angulares de Paper Girls; la nostalgia del tiempo pasado, la amistad y estas cuatro repartidoras. Pero habría que añadir algunas más: la imaginación, la aventura y la diversidad.

Es fácil comenzar a leer Paper Girls y sentirse perdido, no es una lectura compleja, pero las respuestas tardan en llegar, y aún así, necesitamos continuar leyendo y seguir a nuestras protagonistas, porque si por algo se caracteriza Paper Girls, es que en ningún momento hay una pausa, la trama es continuo movimiento. Pero cuando empiezan a llegar las respuestas, sólo es cuestión de tiempo que todas las piezas y detalles empiecen a encajar a la perfección. Como siempre, Vaughan trabaja mucho impulsándolo todo con golpes de efecto y cliffhangers finales, pero en un mundo tan interesante como el que crea, esto se traduce en escenas dispares, molonas y casi siempre inesperadas.

Porque la imaginación, tanto de Vaughan como Chiang, nos regala conceptos nacidos del propio análisis y síntesis de la historia y la ciencia ficción, contraponiendo elementos antagónicos en la línea temporal, y así vemos como en el futuro hay catedrales flotantes y soldados con armaduras medievales montando sobre dinosaurios voladores, o, en un futuro todavía más remoto, descubrimos que el siguiente paso de la tecnología, la lleva a una comunión de lo artificial con lo orgánico, y tiene absolutamente todo el sentido.

Como decía, la nostalgia es uno de los ingredientes predominantes en la receta de Paper Girls, y no sólo por las interminables referencias culturales en las distintas épocas (tanto en las líneas de diálogo como en los fondos del dibujo), sino por la adaptación de esas propias referencias a productos de la cultura popular en los diseños del mundo de Paper Girls, ya sean robots gigantes luchadores o entornos urbanos de ciencia ficción.

Pero por encima de todas las cosas que pasan continuamente, de realidades en peligro, guerras inabarcables o posibles rupturas del continuo temporal, lo más importante son las repartidoras y la amistad que se ha fraguado entre ellas en sólo una noche, y por mucho que se compliquen las cosas en el pasado o en el futuro, nuestra atención está en qué les va a pasar a ellas, porque hemos crecido con ellas, las hemos visto pasar por cosas horribles y evolucionar y madurar profundamente.

Respecto a este desarrollo de las cuatro protagonistas, Vaughan hace una estructuración de su historia simple pero muy efectiva; los 30 números se dividen en 6 arcos de 5 números, de manera que, el primer arco y el último tienen un carácter más coral, dándoles igual peso a las cuatro repartidoras, pero los cuatro arcos centrales, se enfocan cada uno en una de las protagonistas, permitiéndonos conocerlas más en profundidad y crecer un poquito con ellas.

En cuanto a todo el mensaje sobre crecer, que es el telón de fondo de la obra, se presenta a través de enfrentar a los niños y adolescentes contra los adultos, conceptos que chocan al igual que lo hacen los sueños y la esperanza de mejorar las cosas contra la realidad y la obligación de ceñirse a lo correcto, es otra visita de Peter Pan, ya que la única forma de ser un adulto pleno, es haber vivido una infancia y adolescencia plenas.

No podemos pasar por alto la astuta jugada de Vaughan al emplear la mentalidad de estas niñas de los 80 para mostrarnos lo retrógrados que pueden ser algunas ideas que aún a día de hoy muchos defienden. Queda cristalinamente claro a lo largo de los treinta números de la serie, que cualquier condición social, inclinación sexual, color de piel o sexo, no son motivos para la separación o el conflicto, sino para la unión y el progreso, y eso es un mensaje precioso. Podemos sorprendernos al ver por ejemplo un comentario de Mac tachando a los «maricas» (como dice ella) de sidosos, puesto que en ese momento era un pensamiento más extendido, pero eso nos tiene que hacer ver con más nitidez si cabe, que la homofobia debería ser cosa del pasado, y más aún, no haber existido nunca.

Por último, no puedo terminar la reseña sin destacar ciertos detalles que aderezan la obra, como por ejemplo el alfabeto que usan los adolescentes del futuro, que hace que compartamos con las chicas esa sensación de no enterarnos muy bien de lo que está pasando (si quieres enterarte de todo lo que dicen esos bocadillos con el lenguaje raro, no dudes en leer la traducción aquí) o el correo de lectores incluido en las grapas, con ciertas cartas escritas por el propio Vaughan y en las que se daban alguna pista sobre lo que estaba pasando en la serie, e incluso algún personaje mandaba cartas a la sección… pequeños detalles, que no son indispensables, pero que complementan muy bien toda esa sensación «retro» que se pretende emular en Paper Girls.

En definitiva, Paper Girls es un cómic notable, muy recomendable para los que busquen una buena aventura, con «strong female protagonists» que dirían en Estados Unidos, pero que, por encima de todo, sin ser una de las mejores series de Image, seguro que hará pasar un buen rato al lector, que, quién sabe, quizá se reencuentre con su yo de 12 años.

Apartado Gráfico

Paper Girls, como he dicho, es un cómic notable en cuanto a guión; quieres a los personajes, la historia engancha y la trama evoluciona a un ritmo muy adecuado, pero aunque el guión fuera malísimo, seguiría valiendo la pena, simplemente por el dibujo de Cliff Chiang. Este artista tiene un estilo muy personal, sencillo y quizá un poco caricaturizado pero a la vez transmitiendo realismo, con una narración gráfica elegante y dinámica y unos diseños soberbios. Porque en un cómic como Paper Girls, que vemos el pasado, el futuro y mezclas, el dibujante tiene un peso brutal para transmitirnos visualmente estos mundos imaginarios en los que se desarrolla la trama. Y Cliff Chiang lo borda, con composiciones preciosas, grafismos depurados y una imaginación a la altura de la del guionista.

Pero por mucho que me guste el bonito dibujo de Cliff Chiang, sin los colores de Matt Wilson, esta historia no sería la misma. ¿El motivo? porque simplemente por la paleta de colores, esta serie se podría diferenciar de cualquier otra, y no sólo en los interiores, donde su trabajo destaca lo fundamental de la narrativa con un aspecto visual precioso, o completa las atmósferas en cada contexto, sino también en las portadas, donde crea unos contrastes llamativos pero muy amables, transformando las portadas en verdaderas composiciones de diseño gráfico.

No suelo mencionar a los rotulistas ni a los diseñadores de la publicación, pero aquí creo que es casi obligado, ya que Jared K. Fletcher realiza un trabajo impecable, y no sólo por lo bonitas que son las grapas, o lo bien distribuidas que están las cosas, incluyendo esos correos finales que van adaptándose a la trama, sino también por la creación de ese lenguaje del futuro, con unos caracteres con una estética muy cuidada y perfectamente diferenciables, que tienen un importante papel en las sensaciones a la hora de leer la historia.

Ediciones

Paper Girls, con su gran éxito entre críticos y aficionados, ha sido recopilada en numerosos formatos. Empezando por las ediciones americanas, están las grapas originales (30 números en total), seis tomos en formato TPB que recopilan cada uno un arco de 5 números y tres tomos Deluxe Edition a mayor tamaño, con mayor cantidad de extras y que recopilan 10 números por tomo (el tercer tomo saldrá en noviembre de 2020).

Pero sin lugar a dudas, lo especial de esta serie está en sus ediciones españolas (a cargo de Planeta Cómic), y es que Paper Girls para mí ha sido una serie muy especial por el método en el que se publico originalmente en España; la grapa. A algunos les puede parecer una tontería, pero la sensación de estar siguiendo mes a mes una grapa de Image Comics (cuando la editorial estaba en el pico de su fama) en español, con su correo del lector, sus portadas dobles… era realmente especial, de hecho, gracias a la publicación de Paper Girls, Planeta también se animó a publicar otra serie de Image y de Brian K. Vaughan en grapa; We Stand On Guard, de la que hablaremos otro día.

Centrándonos en las ediciones españolas en sí, pues primero tenemos la grapa, que creo que aporta mucho; el diseño interior de la publicación (calcando la edición original), las preciosas portadas dobles, las encuestas y correo del lector del final de cada grapa (que algunas veces arrojaban alguna pista de la serie), los pósteres de las portadas de los tomos de cada arco, que podías formar juntando las páginas finales de cada grapa (aunque seamos realistas, no serán muchos los que las quiten de sus grapas) un interesante artículo de José Torralba en el número #6, una entrevista a los autores en el número #16 y la maravillosa sensación de seguir esta serie mes a mes. Aunque es cierto que hubo un problema, ya que Planeta no se adaptó muy bien a los descansos de tres meses entre arcos que hacían los autores, y hubo periodos de excesiva espera entre grapas. Todas las grapas valían 2,5€ excepto la primera (2,95€) y la última (3,5€) ya que tenían más páginas. El precio me parece bastante correcto para la calidad del papel y la cantidad de páginas de material, ya que no eran grapas simples de 24 páginas. El precio total de las 30 grapas es de 76,45€.

La siguiente edición fue en tomos en cartoné, copiando los TPB americanos (5 números cada uno) y con artículos de José Torralba, por lo que hay un total de 6 tomos a 16,95€ cada uno, haciendo un total de 101,7€. Por último, en octubre de este año, Planeta pondrá a la venta el primer integral de dos, en formato cartoné, con 15 números cada uno y a un precio de 50€ por tomo.

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