RESEÑA La casa donde sueñan los árboles, de Dieter / Didier Comès

«¡Un monstruo debajo de la cama! ¡Pues claro que lo hay cariño! ¡Siempre hay uno!»

La casa donde sueñan los árboles (La maison où rêvent les arbres) es un álbum de 4 capítulos del belga Dieter o Didier Comès, publicado en octubre de 1995 por la editorial Casterman.

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La niebla que se levanta en las marismas, suele llevar consigo susurros. Normalmente es el viento, pero no siempre… Allí, en el bosque, es donde una anciana chiflada vive, tratando de impedir que el resto de personas entren él. Allí, al borde de las marismas, está la casa donde sueñan los árboles. Allí, en esa casa, tendrá que ir a vivir Cibeles con su extravagante abuela; Mammy, tras la muerte de sus padres. Allí, es donde Cibeles descubrirá que los sueños de los árboles cobran vida, transformándose en frailecillos, mariposas o cualquier cosa que esté en la memoria de las plantas, pero si sueñan, también pueden tener pesadillas…

La casa donde sueñan los árboles es un cómic donde Dieter Comès nos muestra la poesía y el poder de la naturaleza a través de una historia sencilla que puede recordar a un cuento. El lector comprende el funcionamiento del bosque a través de los ojos de la recién llegada Cibeles y se ve inmerso en un paraje mágico, con esa ambientación que sólo Comès puede recrear, y donde todo parece posible. El tono es ciertamente inquietante a la vez que absorbente, pero el desarrollo, que parte de unas ideas muy potentes, pierde fuerza en un nudo un tanto precipitado y ligero pero intenta recuperarse con un final tenebroso. Tiene puntos muy interesantes como la mitología presente en el bosque, con el Guardián de los Sueños, el Hombre Verde, el Príncipe, el Gran Duque o los Árboles Maestros pero el autor no le da peso ni desarrollo a todo esto y queda al final como mero adorno cuando podría haber creado algo grande en torno a ello. Quizá esto se deba a que Comès prefirió centrarse en transmitir un mensaje de alerta, incluso una moraleja, de la necesidad de cuidar la naturaleza si no queremos que ésta se ponga en nuestra contra.

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Podremos comprender cómo los árboles son capaces de soñar cualquier cosa, gracias a su memoria colectiva, y también podremos ver lo absolutamente esenciales que son en la vida, y lo frágil que es el ser humano a su lado, ya que si ellos quieren, pueden recuperar todo aquello que fue de su creación.

La casa donde sueñan los árboles no es un cómic para cualquiera, sólo lo recomendaría a aquellos que disfruten tanto como yo de Dieter Comès, ya que la historia, que al principio promete, no termina de florecer y la trama pierde peso en favor del tono y la atmósfera. Por supuesto, no es un mal cómic, ni mucho menos, pero dista mucho de la calidad mostrada en La Belette. Personalmente, he disfrutado mucho de la lectura, aunque entendería que otro lector no lo hiciera.

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Apartado Gráfico

Si ya me gustó el dibujo de Dieter Comès en La Belette, aquí me ha fascinado. Por supuesto, la obra es en blanco y negro, ya que el autor es un total maestro de esta técnica. La sencillez con la que trata la iluminación junto con esa facilidad para crear una atmósfera desasosegante a través de viento, la niebla o la oscuridad, hacen que el arte de la obra esté a otro nivel.

Sus personas, con ese estilo tan reconocible, siguen conquistándome por lo bello u horroroso de sus rostros. Esta vez, destaco el diseño de Mammy, cómo sus arrugas forman una cara que por momentos puede recordar a un árbol o parecer amenazante; un personaje que estéticamente me ha conquistado. Este recurso de las arrugas como pliegues de las hojas o de las cortezas de los árboles también lo utiliza con un anciano normal.

Pero lo que es un verdadero espectáculo es la forma tan bella que tiene de dibujar a los animales, totalmente realistas, chocando con esas personas que hace tan suyas. Veremos halcones, patos, cocodrilos, leopardos, búhos… siempre preciosos, con una blanco y negro depuradísimo y exquisito.

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Ediciones

La casa donde sueñan los árboles sólo tiene una edición en España, la que realizó Norma Editorial en marzo de 1996 en el número #24 de su Colección BN. Un tomo a tamaño álbum, encuadernado en rústica y con un papel de gran calidad. La encuadernación es muy robusta y el tomo muy manejable; tiene más de veinte años, está perfecto y lo veo mucho más fiable que muchas de las novedades actuales.

Como extras incluye un artículo sobre la figura del Hombre Verde (que también es un personaje de la obra) en el mundo; su mitología, tradiciones, representaciones… a cargo de Gabriel Yacoub. No tiene mucha relación con la obra más allá de que el eje central del texto sea el Hombre Verde, pero no deja de ser un complemento curioso y que ayuda a comprender la importancia de este ser en otras culturas.

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